
Había un Tropi Burguer en la esquina de mi casa, por lo que era paso obligado para mí casi todos los días. Uno de esos días, me encontré a un niño de unos 8 años pidiendo dinero a sus puertas. Me negué a hacerlo proponiéndole otra oferta: comprarle una hamburguesa. El me dijo que no quería porque acababa de desayunar así que le prometí venir a la 1:00 p.m. cuando él tuviera hambre para comprársela de almuerzo. Él creyó en mí. Su corta y dura vida lo había entrenado a saber cuándo alguien decía la verdad.
Me fui a mi casa a hacer cuarenta mil cosas y a las 6:00 p.m., nada más y nada menos, me dió un vuelco el corazón cuando me acuerdo del niño que debió haberme esperado a la 1:00 p.m. Cómo ni siquiera me acordé de él cuando yo estaba comiendo? Aún cuando habían pasado 5 horas, salí corriendo a ver si lo encontraba. Por supuesto, no había rastro de él. Cómo es posible que se me olvidara? Qué pensó él mientras me esperaba? Alguna vez volvió a creer en alguien como yo? Consiguió otra persona que le brindara el almuerzo? Lo busqué afuera, lo busqué adentro. Lo busqué otros días a ver si frecuentaba el lugar. Nunca más lo vi. Su carita quedó por mucho tiempo en mi memoria y mi olvido pesándome en el alma. Hoy, unos 20 años después su carita se ha desdibujado en mí, y mi olvido aunque pesa menos, sigue allí, presente.
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Coninua...
September 27, 2009
Promesa no cumplida
September 26, 2009
Primera y última

Hace unos meses asistí a una conferencia que daba Junot Díaz en el auditorium de la biblioteca de mi Universidad. Mi profesora de English Composition I, nos sugirió que fuéramos ya que nos había asignado leer un libro del mencionado escritor: “Drown.” Fui porque me encantan ese tipo de actividades y porque celebro que las personas triunfen no sólo en sus países sino también fuera, como es el caso.
Llego llena de expectativas al lugar, y logro encontrar una silla vacía en la última fila. Después de un tiempo prudencial, el autor termina su intervención para darle cabida a la firma de autógrafos.
La profesora, contenta de que yo haya ido, me pregunta si traje mi libro para que el autor me lo autografíe. Le digo que no - cosa que es cierta - y ahora con ese propósito se me ocurre la nefasta idea (no porque sea malo, aún no lo he leído) de comprar su otro libro, el premiado, en las afueras del auditorio. Soy una de las últimas en la cola de autógrafos y como es la primera vez que pido uno, no sé exactamente qué es lo que voy a decir. Comienzo a preguntarme: le hablo en inglés? O en español? Le hablo sobre algo que me haya gustado en el libro? Sí, eso debo hacer. A medida que avanza la cola me doy cuenta que me siento ridícula pidiendo un autógrafo; mi arrepentimiento llegó demasiado tarde. Despide a la persona que me antecede y decido por comodidad hablarle en español:
- “Hola. Leí tu otro libro, Drown, pero como no lo traje compré este para ver qué tal es y aprovechar de pedirte el autógrafo” (sintiéndome la más imbécil de las imbéciles).
- “Ok. Para quien es el libro?” me pregunta.
- “Para mí.” Es cuando caigo que está preguntando mi nombre para escribirlo. Entonces acierto esta vez diciendo cómo me llamo.
Sin tener nada más interesante qué decirme, me comenta:
- “Me gusta tu collar,” y para mí ahí se acaba la magia del resto de la conversación.
En el mismo momento en que le pido el autógrafo mi mente y mi cuerpo está en una lucha contradictoria que al final para mi desgracia, gana mi cuerpo porque realmente dentro de mí no quiero hacerlo. No le hablo del libro ni de lo que me gustó. Fue una mala forma de aprender que no quiero volverlo a hacer. Ni con él ni con nadie. Más tarde, mientras manejo hacia mi casa reflexiono sobre porqué pedimos autógrafos. A quién se le ocurrió esa costumbre sin sentido? Qué puede escribir para mí en una dedicatoria alguien que ni siquiera me conoce? Quizás en principio deberíamos los lectores escribirle a los escritores, y sólo si provocamos en ellos alguna respuesta, entonces sí vale la pena que nos escriban ellos de vuelta. Primera y última.
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Coninua...
August 22, 2009
Culpa Latente

Sonia era una niña de 6 años físicamente distinta al resto de nosotros, porque aún cuando en el colegio había una gran mescolanza étnica, lo que realmente la diferenciaba del resto era su piel, blanca, muy blanca, con cierta coloración rojiza. Parecía hasta cierto punto albina. Su piel no era la piel tersa de niño que todos - por suerte - teníamos; tenía una condición de sequedad extrema, tan seca que estaba cubierta con una fina capa que se pelaba constantemente, no grata al tacto. Imagino que esta condición en su piel es lo que la hacía también comportarse diferente, porque el rechazo de los demás la había convertido en una niña retraída, de poco hablar y poco reír. Ese día, Sonia jugaba con nosotros durante el recreo, pero era torpe con la pelota y comenzó a agotar la paciencia del grupo… Se cayó y Alejandro aprovechó para recriminarle lo mal que lo hacía. Todos nos acercamos para unirnos a Alejandro, y apoyados los unos por los otros, descargamos en Sonia nuestras palabras feas y hasta uno que otro golpe o coscorrón. Ella lloraba en el piso, incapaz de revelarse a tanta injusticia. La dejamos allí, sola, humillada y golpeada.
Porqué yo formé parte de eso? Porqué me uní a los que hacían daño en vez de protegerla y hasta salvarla de ellos? Porqué fui tan débil? Y Sonia, qué quedó en su mente después de ser maltratada de esa forma? En qué se convirtió ya adulta, cansada de ser maltratada por los demás? En alguien encerrado cada día más en su coraza? Esa que tuvo que crear para subsistir…
La injusticia hacia Sonia se ha repetido en mi memoria infinitas veces. Es algo de lo que siempre he estado arrepentida. He recreado la situación en mi mente y al momento en que nos acercamos a ella yo la tomo de la mano para que pueda levantarse y les hago saber a todos que ella tiene derecho a equivocarse, que nadie puede decirle cosas feas y mucho menos pegarle. Entonces la alivio de esa maldad infantil y cruel. Ella me mira con infinito agradecimiento… pero sé que no es cierto, que no fui capaz. No la protegí, y aunque ya no puedo hacer nada para remediarlo puedo al menos proteger a otros. Nunca es tarde para rectificar mi conducta débil y cómoda. Es ahí cuando podemos encontrar nuestras fallas para mejorarlas. El hecho de haber obrado mal no significa que no pueda obrar bien. Y eso es tan cierto como que hoy estoy escribiendo esta reflexión más que para mí misma, para ti, el que lee.
Hace poco, leí un artículo interesantísimo que me hizo llegar mi amiga Isabel llamado “El Efecto Lucifer” de Phillip Zimbardo, el cual plantea el heroísmo en personas normales que se involucran en acciones extraordinarias para con los demás. El autor se basa en que la misma situación que puede detonar la hostilidad puede inspirar el heroísmo por primera vez en cualquiera de nosotros. Más importante aún, “cómo promocionar en nuestros niños esa imaginación heróica, conseguir que acepten el papel de héroe a la espera para una situación que llegará en algún momento de sus vidas…” Porque aún cuando hacer de héroes hasta cierto punto nos pone en situación de peligro, siempre vale la pena. Vale la pena rebelarnos ante la injusticia, vale la pena defender lo que creemos, vale la pena expresarnos… y no quedarnos indiferentes ante lo que sabemos es incorrecto. Bien cierto ese pensamiento de Martí que dice” ver con calma un crimen es cometerlo.”
Creo que tiene muchísimo sentido el planteamiento de crear esa inquietud de héroes en los niños. Quizás de esta forma podemos devolverles la sonrisa a niñas como Sonia y por otra parte, si nuestros niños obran bien por los demás se afianzará en ellos la importancia de hacer el bien, para que lo repitan cada vez que esté a su alcance. Hagámosnos multiplicadores de esta información. Sembremos la inquietud en nuestros hijos.
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Coninua...
May 11, 2009
Una oferta difícil de rechazar

Conocí a mi abuelo Pedro cuando sus ojos azules ya estaban velados. No podía ver sus pupilas ni la transparencia de su iris y aún así yo podía ver su alma; me encantaba hablar con él; era sólido y de mente lúcida, tan lúcida como la mía a los 12. Quién fue antes de eso? Nació el siglo antepasado, el 19 de abril de 1889. Qué hizo de niño? de joven? de adulto? Ya no recuerdo muchas de las conversaciones que tuve con él. Recuerdo su voz, su imagen infinitamente clara en mi memoria, sus abrazos fuertes… Cuando veo cosas de peltre inmediatamente pienso en él, con su taza de café. Me enseñó a comer pan dulce mojado en café con leche y esa enseñanza sigue vigente en mí. Después de eso, comerlo aparte del café me resulta como comer torta sin azúcar. Aunque se vea feo, no hay cosa más rica que un pan dulce empapado para meterlo en nuestra boca. Él a sus 90 era todavía fuerte. Quizás fue un hombre de campo y trabajaba la tierra… algún ejercicio debió hacer de joven para conservarse tan robusto de viejo. Lo veo escuchando sus radionovelas o escuchándome leerle acerca de los caballos para jugar el 5 y 6. Tenía una maña de viejo que me causaba gracia; pasaba sus manos sobre sus brazos (como quien alisa un mantel queriendo sacar cualquier burusa) para quitar el polvo que creía tenía encima, como si viviéramos en un tierrero y cualquier movimiento levantara una y otra vez el polvo de la tierra seca y pulverizada.
La ceguera había sido producida por cataratas, pérdida de la visión como consecuencia de la opacidad del cristalino; eran los tiempos en que apenas estaban comenzando a practicarse las operaciones para eliminar la enfermedad extrayendo el cristalino opacificado y reemplazándolo por un lente intraocular transparente de material plástico especial; así, la imagen lechoza pasa a ser una totalmente nítida y contrastada.
El Dr. Romero, nieto de un gran amigo suyo era oftalmólogo. Era un joven curioso por los avances de la ciencia, de espíritu vencedor y por lo tanto, lleno de energía mental y física. Se atrevió a solicitarle a mi abuelo si quería participar en la locura – para muchos – de someterse a una operación y de ser el primer paciente. Sabía que podía hacerlo y para ello había practicado una y otra vez primero en su mente y luego con toda clase de ojos (de animales y cadáveres humanos) para estar listo en el momento verdadero, cuando tuviera que hacerlo con un paciente.
Don Pedro prefirió pedirle un tiempo para pensarlo. Sabido era por todos que Don Pedro era muy mayor para esa clase de inventos, aún cuando gozaba de una salud inquebrantable, pero la oferta de volver a ver se llevaba por delante cualquier reserva, cualquier factor de riesgo. La posibilidad de ver otra vez lo ilusionó como niño esperando el regalo del Niño Jesús. Se quedó dormido tarde a las 12:00 de la media noche, cuando normalmente 3 horas antes ya se había entregado al sueño. Tuvo un sueño colorido en extremo, de total fantasía, en el que los sentidos se confundían y enriquecían las imágenes. Podía oler los colores y ver los olores. Se despertó puntual como un reloj de buena marca, a las 4:00 de la madrugada. Tenía 75 años parándose a la misma hora. Cómo decirle al cuerpo que cambie sus costumbres después de toda una vida?
En la realidad, habían pasado 18 años desde aquel día en que se había despertado y comprendido de una vez por todas que aunque se pusiera los lentes culo de botella, nada iba a mejorar esa oscuridad, ese túnel sin salida que lo hizo descubrir que aún a los 72 años podía afinar sus sentidos. Cuánto se aguzaron sus oídos! Podía escuchar cuando las paticas de Federico, el canario, se posaban después del vuelo en el palito de madera… Sus dedos con uñas acanaladas reconocían una y mil texturas, formas…
La oferta del Dr. Romero daba vueltas y vueltas en su cabeza y se sorprendió a sí mismo cuando se oyó decirle al teléfono: – "Estoy dispuesto, para cuándo es la operación?" En menos de una semana todo estaba listo. En la familia, unos de acuerdo y otros no, pero todos nerviosos por lo que podría pasar. Además, Don Pedro estaba en plenas facultades mentales como para saber lo qué hacer con su vida, así que respetaron su decisión y lo dejaron en manos de Dios. La operación fue breve y sin complicaciones; aunque podía ser ambulatoria, el médico prefirió internar al paciente por una noche debido a su edad avanzada. Como ocurre en estos casos, le vendaron los ojos.
A la mañana siguiente llegó el doctor a las 7:30 a.m. tan nervioso interiormente como el paciente, pero este hombre joven tenía todas las facultades para desempeñarse en su rol de médico; entre ellas, temple para disimular los nervios; si más bien lo que transmitía era una gran seguridad sin llegar a ser ofensiva; más bien una paz interna que proyectaba a su andar. Se dispuso a quitarle la venda con pericia y suavidad y descubrió unos ojos azules ahora cristalinos. Don Pedro no lo podía creer. Lágrimas y lágrimas salían de sus ojos por tanta felicidad. La familia entera llorando, todos se abrazaban como celebrando la llegada de un nuevo bebé.
Fueron días de casi no dormir, de ver las caras de los hijos, nietos y bisnietos y reconocerlos en sus voces; de disfrutar el amanecer, el atardecer, las luces y las sombras, de ver el verde verde de los árboles, el azul infinito del cielo, las flores… De ver la comida apetitosa antes de llevarla a su boca, las carreras de caballos… y maravillarse con la televisión a color. Fueron sólo 18 días de absoluta felicidad, como si cada día contara por cada año no visto. Nadie sabe cómo el día 19 amaneció Don Pedro sin vida con los ojos abiertos, queriendo registrar los últimos momentos del amanecer en silencio, en absoluta comunión con su entorno, y agradecido con Dios por haberle regalado - antes de irse - esos bellísimos 18 días de su vida. Dieciocho días de colores y luz que lo llevaron a la paz eterna.
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Coninua...
April 18, 2009
Culpable o no

Nos encontramos mi pareja y yo en un retiro matrimonial, tratando de componer de alguna forma nuestra relación. El lugar es hermoso, generoso en naturaleza y espíritu. Muchas cosas me gustan del retiro aunque hay temas importantes que no se tratan y uno de esos es el de la infidelidad, punto álgido en cuanto al perdón, pero bueno! Nada es perfecto y a pesar de todo, creo que los organizadores han puesto mucho de su parte para llegarnos al alma. Son tres matrimonios y un cura los moderadores; este último de extraña conducta, la cual relato a continuación.
Llega el momento de la confesión (individual por supuesto) con el padre. Yo nunca me confieso con un padre porque hasta cierta medida tengo una religión católica muy propia y uno de mis desacuerdos con ella es el porqué no puedo confesarme directamente con Dios? Ése día, para no ser la piedra de tranca en la fluida organización del retiro, accedo con mi mejor intención a confesarme con el padrecito, a quien le llevo quizás cinco años. Su humilde apariencia y actitud de principiante me hacen verlo más niño aún.
Inicio honestamente – típico en mí - la confesión, con algo como:
- Padre, yo tengo años que no me confieso. De hecho, creo que esta es mi tercera vez y no creo haber cometido algún pecado. Usted dirá.
- Bueno, vamos a hacerlo entonces de esta forma: yo te pregunto y tú me contestas. Así no nos perderemos ningún detalle, te parece?
- Ok, pregúnteme pues.
Cada pregunta es más estúpida que la otra. Para rematar, cuando tienen que ver con sexo, él tiene una elaborada y confusa forma de hacerlas, teniendo que repreguntarle yo para que me dé pista de lo que me quiere preguntar. Nada como esta pregunta:
- Cuando ves imágenes de parejas en la televisión, te agrada?
Y me quedo yo como si me hubieran preguntado: la limonada te gusta con azúcar o con sal?
- A qué se refiere, padre?
- Bueno, si ves a gente que está un poco descubierta, en ropa interior, quiero decir, o besándose... Eso te agrada?
(Coño, qué sera lo que me quiere decir?) – Bueno, si los veo en ropa interior no siento nada. Creo que para mí el desnudo es bien normal. Si los veo besándose y se besan bien, sí, me agrada, pero eso no sólo me agrada en la tele. Me agrada cuando veo a una pareja besándose profundamente en la calle. Me agrada cuando siento que la gente se quiere.
Un poco insegura, le repregunto: - Respondí lo que me quiere preguntar?
El padre respira profundo, como quien contiene un deseo.
- Si, si, si. Bueno, y qué haces cuando ves esas cosas?
- Nada, las veo.
- Te provoca hacer algo?
- Qué? Padre, acuérdese que yo estoy casada. (El verano lo tiene usted).
- Sí, claro, pero… como tienes tiempo que no te confiesas. Alguna vez has hecho algo mientras ves esas cosas en la televisión?
(Será que tengo cara de niña de 8 años? Coño! Tan joven no me veo)
- Quiere decir, si me he masturbado alguna vez viendo películas o algo así?
(Ya el padre lo tenía duro)
- Sí, a eso me refiero.
- Claro padre! Me he masturbado viendo películas y no viendo también, pero esa es la cosa más natural del mundo. Eso no es un pecado. (No me diga que usted no se masturba. Qué lástima!)
Cuando ve mi cara de “pobrecito usted” me manda no se cuántas Ave María y otros Padre Nuestro y me saca – prácticamente como corcho ‘e limonada (con azúcar, por supuesto) – de aquel lugar. Al principio no entendí. En mi mente no podía creer que alguien no se masturbara, menos aún un padre, quien tiene prohibido hacer el amor con nadie.
Se lo comento compungida a mi pareja, que el padre no se masturba, pobrecito!
- Claro que se masturba! De dónde sacaste eso?
- Bueno, no sé. Yo creo que no. Ojalá que si. Y si se masturba, qué siente después? Se siente culpable?
- Pero cómo llegaron a esa conversación?
- Bueno, él empezó. Yo quise decirle lo rico que es masturbarse, pero ni de vaina. Si lo hubiera hecho, él hubiera creído que yo era el diablo personificado.
- Yo creo. Nada más a tí te pasan esas cosas. A mí no me dijo nada de eso.
Al día siguiente, el retiro termina con una misa hermosa en la que todos nos sentimos reconfortados y de alguna manera fortalecidos. Como es de esperarse, llenos de ese compartir comenzamos a despedirnos todos con abrazos sinceros, unidos por la experiencia, pero cuando voy a abrazar al padre, me agarra de la muñeca y me dice. -“Quiero que tu esposo esté presente.” (Dios mío, y ahora qué hice?) Nos ponemos a buscar a mi esposo en la multitud y mientras lo conseguimos, el padre abraza a otras mujeres sin problema, pero – para mi tranquilidad - le dice lo mismo que a mí a otra, y luego a otra. Total que somos tres las que tenemos que ser abrazadas con nuestros esposos como testigos de por medio. Nadie discute. La mayoría está llena de amor y aunque nos salpica, allí hay un corto circuito por la conducta del padre.
La cuestión se quedó de ese tamaño. Sin mayor explicación quedamos en encontrarnos pronto otra vez y entre nosotras, las tres mujeres, hubo una especie de extraña complicidad nunca aclarada.
En cuanto al padre, terminé creyendo que se masturbó pensando en nosotras y en nuestros supuestos pecados. Quizás lo hizo inmediatamente después de despacharnos, apurado, a escondidas y sintiéndose culpable. Quizás le provocamos tres orgasmos inolvidables. Jajajajaj. Me impresiona lo retorcidas que pueden volverse las mentes con prohibiciones; la religión los obliga a mentir, y mintiendo pecan, osea que los padres pueden ser los primeros pecadores. Por eso no creo en el fanatismo; en creer ciegamente sin cuestionar. La religion está hecha por los hombres, no por los dioses. Así que desde hace mucho decidí que la que escribe, la supuesta pecadora, es libre de juicios que no tienen ni pies ni cabeza. Yo, aún con los pecados que he cometido y los cuestionamientos que tengo acerca de mi religion, me siento libre, sana y muchas veces inocente, como puede verse.
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Coninua...
April 3, 2009
Un Angel en Parque Central

Acostumbraba a viajar en avión con frecuencia cuando éramos ricos pero no lo sabíamos. Esa época en que todavía la clase media podía disfrutar de viajar en avión cuantas veces lo necesitara (o al menos casi todas). Para estudiar en la Universidad me había mudado a la capital; sin embargo, mi familia y amigos de siempre me atraían inequívocamente a mi pueblo querido.
El vuelo de regreso de aquel día, como cosa común, se retrasó unas horas. Al llegar a mi destino descubrí una noche negrísima, libre de luna. Agarré una buseta del aeropuerto que me dejaría en Parque Central a eso de las 9:30 p.m. En esa última parada siempre habían taxis esperando pasajeros, pero esa noche quizás la negrura que nos cubría había hecho que todo peatón inteligente abordara un taxi lo más pronto posible. Armada de valor y acostumbrada a esas lides, me encomendé a Dios al momento de hacerle señas a un taxi que iba pasando para que me recogiera. Inmediatamente, llama mi atención un carro estacionado a pocos metros de mí, oscuro como la noche, lujoso, de modelo tradicional pero del año, que por mi ignorancia automovilística no logro determinar la marca. Dentro de él me hacían señas para que me acercara y como obedeciendo a una hipnosis me acerqué al mismo. El carro tenía acientos de cuero y era mucho más espacioso por dentro de lo que se veía por fuera. En él se encontraban cómodamente cuatro personas: un chofer y sus ocupantes. La única mujer, de unos 60 años, me habla con angustia reprimida, diluida en una calma y bondad que adiviné en el tono de su voz. “Hija, qué estás haciendo a estas horas de la noche sola?” Le expliqué, “vengo del aeropuerto.” “Móntate con nosotros, que te llevamos a tu casa.” “Gracias, pero ya paré un taxi.” “No mi amor, te puede pasar algo. Móntate, que apenas te ví sentí que debía recogerte.” Sin otra explicación, acepté y le hice señas al taxista que me esperaba para que se fuera. Los demás hablaban poco, pero el ambiente era grato. Era ella quien llevaba la batuta, la dueña y señora.
Las calles estaban casi desiertas. Al parecer, la noche asustaba a muchos y habían optado por retirarse a sus casas. En el viaje hablamos más de mi vida que otra cosa. Ella tenía una hija como de mi edad que vivía en el exterior. Me sentía con una tía, actualizándola de mi vida, y así, más rápido de lo que esperaba me dejaron en mi casa. Le agradecí el gesto. Ella me estampó un beso en el cachete y me echó la bendición. Ella había sido un ángel de la guarda, quien movida por un sentimiento maternal, se había arriesgado a tenderme la mano; sin importar dónde yo viviera me hubiera llevado hasta el fin del mundo sana y salva.
Las dos nos arriesgamos en cierta medida y seguimos nuestros instintos sin entenderlo. Quizás pudo ocurrirme algo malo si no abordaba su carro. Nunca lo sabré. Lo que sí sé con certeza es cómo nos volvemos padres de todos los niños cuando tenemos el nuestro. De alguna manera, ella estaba haciendo lo que le hubiera gustado que hicieran con su hija. Hoy, muchísimos años después todavía recuerdo lo que sentí al bajarme del carro. Con mi maleta a cuestas mientras caminaba a la puerta de mi edificio, me sentí como si tuviera 6 años y mi papá me estuviera llevando cargada a mi cama.
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Coninua...
March 15, 2009
Antes de empezar el ciclo

Tengo una semana sin saber donde está mi anillo de matrimonio, demasiado tiempo. He recorrido una y mil veces la casa buscándolo y sin buscarlo y no doy con él. Dónde podría estar? Y a medida que el tiempo pasa empiezo a perder la esperanza de encontrarlo. Me da miedo que haya sido tirado a la basura, traspapelado. Mi esposo me tiene paciencia y opta por esperar a que aparezca. Si lo encuentro, tengo en serio que empezar a poner más cuidado en dónde lo dejo porque no puedo estar en esto toda mi vida.
La licencia también la perdí y no tengo idea de cómo. Lamentablemente lo descubrí (por supuesto) cuando la necesité. Me chocaron; llamé al 911 y cuando la estaba buscando para tener todo listo cuando llegara la policía ví que no podía encontrarla en ningún lugar de mi monedero, ni en mi cartera, ni en mi carro. La multa sólo por no cargarla conmigo fue de $100 y resulta que la policía concluyó que el choque había sido mi culpa porque yo estaba retrocediendo y me había atravesado en la vía. Pregunto: quién retrocediendo no se atraviesa en la vía? Quiero decir. Para salir de nuestro puesto de estacionamiento tenemos que atravesarnos en la vía para después tomarla. Absurdo! Y resulta que me chocaron a mí porque yo hasta frené cuando ví el otro carro que se acercaba, pero la conductora no me vio. Estaba distraída hablando por teléfono. Total: 2 multas. Insólito. La impotencia comenzó a cobrar su efecto cuando humedecía mi pulgar en la almohadilla para dejarlo estampado en los papeles de la policía así que me apuré para terminar todo rápido, meterme en mi carro y llorar a mis anchas. Me dí cuenta que ya no lloro casi, sólo con las películas, y es porque soy inmensamente feliz. Aparte de las películas, lloro una o dos veces al mes y eso es cuando me rondan los días anteriores a la menstruación, o en el primer día. A veces, mi forma de saber que “me vino” es cuando lloro por cosas increíblemente absurdas y pienso: “ya, me vino la regla.”
Hablando de regla, al día siguiente del mini-accidente, vuelvo a clases y me toca revisar el ensayo de un compañerito de clase. Qué cosa más triste y deprimente! Y yo, por estar en mis días, sentía que él pedía a gritos - entre líneas - una ayuda, tanto así que le pedí que habláramos al salir de clase porque pensé: porqué él se centra en escribir sobre lo que no tiene? Cómo podía ser tan tonto y envidiar la vida glamorosa de los demás? Porqué quería una cámara fotográfica sólo para irse de viaje y poder tener prueba de los lugares que quería visitar? Porqué quería tener amigos y/o contactos para que lo hagan escalar posiciones en la vida? Si de las cosas más bellas que tiene la amistad es el desinterés. El “quiero estar contigo porque contigo soy yo, tonto, cómico, profundo, lo que sea pero yo.” A medida que leía el ensayo más me daba cuenta de lo equivocado que estaba ese muchacho en la vida, y quise darle una luz. Quizás por alguna razón me tocó a mí leer su ensayo, quizás porque soy capaz de abordarlo y no dejarlo pasar. Quizás él necesitaba unas palabras como las mías, pero no mi llanto. Si, volví a llorar. En mi momento de mayor inspiración inglesa, cuando le hablaba de todo lo que tenemos que no puede ser comprado con dinero, de la cobija que tiene para arroparse, de ser hijo de su madre, de tener manos y pies… llegué a emocionarme de tal forma que no pude controlarlo. Quizás lo confundí aún más con mi llanto, no sé, pero me dijo que iba a tratar de enfocarlo ahora desde otro punto de vista. Vamos a ver qué pasa, porque realmente lo más importante no es el ensayo sino la actitud con que él asuma su vida de ahora en adelante.
Espero haberme expresado de la mejor manera. No fue fácil. Por supuesto me sentí mejor después, porque pude expresarme. Al menos el inglés está funcionando. Ha habido tantas ocasiones en las que me he quedado callada por no tener suficientes palabras en este idioma, pero ahí voy. De todos modos, sé que mis palabras no funcionarán por arte de magia. Él necesita encontrarse y saber quién es. Internalizarlo, y eso sólo lo encontramos cada quien a su ritmo en la vida. Lo mío fue tan sólo un empujoncito o una sacudida, no lo sé la verdad. Al menos no me quedé con la boca sellada, al menos hice lo que pensé debía hacer. Con eso me quedo.
Nota del autor:
Hace siglos vi una película en la que la muchacha protagonista le escribía a su mamá sus reflexiones acerca del ciclo femenino y fue tan hermoso… pero más nunca he visto esa película, ni sé cómo se llamaba. Trataba de unos muchachos que después de un accidente de avión (no, no es Los Sobrevivientes de Los Andes) naufragan en una isla. Son muy jóvenes los dos, entre 12 y 15 años. El tiene un ligero retraso mental que lo hace adorable porque es inocente… y viven allí un tiempo, no sé cuanto, y por supuesto nace el amor, y con él el deseo y todo eso que nos ata al sexo opuesto (digo, en mi caso). Cuento todo esto por si acaso alguien que lea este escrito la ha visto y se sabe su nombre, a ver si me pasa dato porque me encantaría verla otra vez. Quizás hasta podría copiar aquí la reflexión menstrual.
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Coninua...
January 10, 2009
En Persona

Estaba un tanto desanimada porque no había podido tomar más de 7 créditos este term y sentía que desperdiciaba mi tiempo y mis ganas de estudiar. Resulta que a esta edad estoy estudiando una carrera totalmente distinta a la que estudié hace 20 años y eso le ha dado una renovación total a mi mente y a mi espíritu. Héme aquí intentándolo de nuevo, demostrándome a mí y a todos que nunca es tarde.
El primer día de clases, después de cumplir con mi horario, me aventuré al Central Campus a ver si podía inscribir otra materia - ya que por internet había sido imposible - contactando a la profesora que una amiga me había recomendado. Llegué a esa sede y ví que los choferes se han vuelto expertos en cazar el menor hueco para estacionarse. Me dispuse a cazar uno para mí y una vez hecho, me dirigí caminando al edificio principal y lo encontré hermético en cuanto a espacio se refiere, bien distinto al que yo estaba acostumbrada, en el que uno se siente casi al aire libre. Salí de ese gran edificio por la parte de atrás y comencé a seguir por instinto a un muchacho que salía de la cafetería e iba comiéndose algo mientras caminaba. Atravesó un camino de tierra con la familiaridad de quien conoce el lugar y luego se metió hacia un edificio sin decirme adiós. Entonces me dejé llevar por la mano invisible, silenciosa y definitivamente baquiana que me guiaba; pasé la biblioteca y otros edificios hasta que me encuentro con la parte de atrás de un edificio lleno de gente con uniforme de enfermería, así que entré, pregunté por quien buscaba y mi interlocutora me respondió: “es ella,” señalando a la persona de al lado. Le expliqué mi caso y me dijo que me apersonara el jueves a las 4:00 p.m. a ver - si no aparecía alguien - si tenía chance de inscribirme para la clase. Ese primer sí y mi caminata expedita anunciándome que las condiciones estaban dadas, sirvieron para ilusionarme con la posibilidad de poder tomar la clase.
Hoy, interesada en una segunda aprobación, me fui una hora antes, no fuera a ser que tuviera algún percance en el camino y aunque llegué 15 minutos antes de la hora al aula, ya había una docena de personas. Cuando entró la profesora, el salón estaba atestado de gente; éramos unas 80 personas. A las dos horas, momento del brake, le recuerdo a la profesora mi situación a lo que me respondió con su cara de buena persona que no veía problema en que me inscribiera y procedió a llenar una tarjeta de inscripción para mí. Yo en el acto fui derechito a inscribirme, con mi sonrisa de oreja a oreja, pero fue cuando me lavé las manos como todo aquel que trabaja en pro de la salud, que se asomó una sonrisa distinta en mi boca, esa sonrisa que conozco aún antes de que se manifieste, porque sale de mi alma; se muestra cuando me siento bien con lo que hago, porque de alguna forma marca mi camino a seguir de hoy en adelante. Hoy fue la primera vez que me sentí enfermera, y para allá voy si Dios lo permite.
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Coninua...
December 16, 2008
Prohibidas las provocaciones

He engordado. En este país, quién no engorda? Pero eso no es excusa. Como sabe todo aquel que me conoce, me encanta la comida. Y es que creo que soy un ser sensible a los estímulos, estoy viva. Soy de esa gente que fácilmente se le hace agua la boca con el olor de unas caraotas refritas; con el aroma que impregna toda la casa cuando se hornean galletas; cuando a la brasa se asa la carne y se quema la grasa, sacándole el sabor, el jugo que se forma con la sangre y la grasa diluída, que responde al calor; o cuando se hace un sancocho como dios manda… Así que cuando veo en la tele programas de comida, qué crees que me pasa? y resulta que soy adicta a ellos, pero debo parar, porque en esta etapa de mi vida mi almuerzo es excesivo, ya no sé lo que es comer frugalmente. Y luego de eso, si puedo hacer mi ritual siesta, en el preludio del sueño mi hombre a mi lado en la cama ve un programa de comida, y empiezo yo a salivar, aún llena por el almuerzo, pero no me aguanto con todas las ricuras que se muestran en la pantalla. Mi cuerpo y mi mente reaccionan, se estimulan… Es un círculo vicioso, al punto que he decidido no seguir viendo tantos programas de ese tipo. No soy muy televisionera, pero sí adicta a ese canal: Food Network; antes veía Gourmet Channel y todas sus exquisiteses, total que el cambio de canal sigue creando el mismo efecto en mí: hambre, así que opto por la retirada. De no ser así, me convertiré en una norteamericana más con libras de sobra.
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Coninua...
December 13, 2008
El mejor regalo

Estaba yo por cumplir 10 años y me encontraba en Caracas durante unas vacaciones en casa de Mina, una tía que más bien hizo el rol de abuela con nosotros. Ella vivía en un edificio humilde, de esos que tienen un estacionamiento en la parte de atrás, sin líneas que asignen los puestos de los carros, así que los carros son estacionados pegaditos los unos de los otros tratando de aprovechar el espacio de la mejor manera para que todos quepan. Ese edificio es viejo; hoy por hoy debe tener más de 50 años. Tiene tendederos de ropa en la ventana del lavadero y también otro en alguna ventana que daba a un pequeño patio interior del edificio. Los apartamentos son pequeños pero normalmente alojan a familias numerosas. La de Mina era de 7 personas, es decir, ella y Papy (mi casi abuelo) tenían cinco hijos, y para colmo llegábamos nosotros a quedarnos de vacaciones. Así, apretados como los carros, gozábamos un montón.
Parte del día la pasábamos abajo jugando con los demás niños y adolescentes del vecindario. Había un muro no tan alto que dividía el espacio entre ése y el edificio de al lado y que nosotros utilizábamos, a veces, como banco, para sentarnos a hablar hasta el cansancio - y otras veces - como malla de volibol. Se acercaba mi cumpleaños y para celebrarlo, invité a mis amigos a picar una torta en el apartamento. Todavía recuerdo cuando se lo dije a Mina. Me preguntó: - "Cuántos son?" Y le dije, para no darle el susto tan rápido: - “23……… al revés.” - “Diantre!” me contestó por la sorpresa, con una breve risa que se escapó de su boca al imaginar cómo iba a caber esa cantidad de muchachos en el apartamento. Pero ella tenía el don de la multiplicación; lo que alcanzaba para 12 alcanzaría para 32, inexplicablemente. Así que no se preocupó más por el asunto; imagino que esperaba a que no fueran todos.
Will, mi primo, me dijo que también había invitado a Wilfredito. Yo no quería. Wilfredito era un niño de mi edad que se la pasaba en el edificio, pero no era de allí. Ni siquiera vivía en el edificio de al lado. El trabajaba a esa edad limpiando carros, así que no era de mi status. Tuve que aceptarlo con la cara “amarrada”. Total, ese apartamento era más de Will que mío. Yo ligaba mis dedos para que a Wilfredito se le presentara un inconveniente y no pudiera ir, o para que su mamá no lo dejara (si es que tenía).
El 1ro. de agosto – como esperaba Mina – no fueron todos. Me llevaron algunos regalos, pero hubo uno que fue ciertamente especial, tan especial que todavía lo llevo en mi memoria. Se presentó Wilfredito limpiecito vestido de domingo, con un regalo para la cumpleañera. Yo lo abrí en el momento, como había hecho con los otros. Era una cajita de música que medía unos 20 centímetros de largo por 10 de ancho y otros 10 de profundidad, blanca por fuera, con dibujos de florecitas de colores delicados y en el centro de la tapa, el dibujo de una bailarina. La abrí, y su música invadió mi corazón. Además, la muñequita vivía ahí dentro y bailaba para mí cada vez que yo le daba cuerda a la caja. Tenía por supuesto, un espejo en la parte de abajo de la tapa y estaba forrada por dentro con una tela azul turquesa mullida. Era también un joyero, un regalo precioso que conservé por muchos años y que el tiempo y el uso se encargaron de despintar y envejecer. Esa cajita, debido a que vino de él, tuvo para mí un significado mayor. Más que el regalo, fueron sus ganas de regalarme, aunque él tuviera menos que yo. Ese gesto me demostró que no da quien tiene, sino quien quiere; porque él, con sus escasos recursos fue con su alma mucho más generoso que yo, que ni siquiera había querido invitarlo. Él, con el fruto de su trabajo había comprado esa cajita para mí; él, que definitivamente necesitaba ese dinero para algo más primordial que un regalo, me dio el mejor regalo de mis 10 años.
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Coninua...
November 9, 2008
Primeras Sensaciones

Las primeras experiencias son tan especiales… Nos signan el camino a andar, y cuando no son tan positivas como para ser recordadas, siempre podemos encontrar la experiencia que queremos conservar como si hubiera sido la primera, porque es la digna de ser recordada como la que marcó el antes y el después.
Ayer Simón me contó por teléfono que comió carlotinas calentaditas al fuego, y aunque no me gustan las carlotinas imagino lo interesante que puede haber sido para él la experiencia de pinchar con un palito largo esa cosa esponjosa y colocarla cerca de la fogata, esperar un ratico para que apenas se prenda en fuego, soplarla y ver el resultado de haberla ahumado ligeramente y encontrar cuán divertido es comerlas. Un proceso interesante a la vista y a la boca; se mete a su boca esa bola que ahora por el calor esta aún más suave adentro, casi tibia, y descubre el contraste de lo amargo del humo con lo dulce de ella. Es definitivamente algo distinto. Él disfruta horrores comer, tiene a quien salir. Desde chiquito ha sido un tragón; desde el mismo momento en que le ofrecí mi pecho para alimentarlo, su alimentación fue tan fácil… Yo había leído durante el embarazo varios libros que me involucraban con su crecimiento y el momento de la llegada, paso a paso, haciéndome aquilatar cada semana y viviéndolas en toda su sabiduría, registrando cada detalle, así que para el momento de su nacimiento tenía en mi cabeza toda esa información queriendo ser aplicada con todo mi amor de madre. Gracias a Dios, parecía como si él – desde ese agradable mundo en que se incubó por 9 meses y a través de mi lectura - también había aprendido lo que ambos, por instinto, debíamos hacer.
Desde el momento en que supe que tenía a un ser dentro de mí, mi percepción de las cosas y del mundo entero cambió drásticamente. Mi entorno olía diferente, realmente todo era diferente. Por poner un ejemplo, el jugo de naranja sabía diferente: cuando entraba en mi boca ese líquido maravilloso se apoderaba de mis mucosas, abrazaba mis papilas e hidrataba mi garganta como ningún otro líquido en ese momento. Ahí descubrí que es tan importante el emisor como el receptor, o en este caso, el producto como su consumidor; que ambas partes de alguna forma han de estar de acuerdo para darse y recibir.
Entonces, todos estos cambios que yo experimentaba eran a su vez experimentados por ese pequeño ser que había dentro de mí, pero para él no eran cambios, para él eran sus primeras impresiones desde la barriga. Los sonidos que escuchaba, los cariños que recibía a través de ese puente protector llamado útero, que lo mantenía seguro, ileso, y que a la vez lo comunicaba con el mundo exterior.
Hoy pienso en esa primera sensación de Simón, en la carlotina dentro de su boca henchida de felicidad y él, mojándola toda con su saliva acuosa, como respuesta al momento de degustar cualquier plato, y más aún para un niño, un dulce.
Hace tieeeempo había una comiquita de un perrito (no recuerdo el nombre) que cuando le daban galletas – su comida preferida – se abrazaba él mismo de tanto deleite, flotaba y luego lentamente caía en el piso. A Simón siempre le llamó la atención esa escena y la escenificaba sin poder elevarse cuando comía algo que le fascinaba… y es que así disfruta él la comida. Es una cuestión de genética. Por cierto, me voy a comer, ya se me abrió el apetito.
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Coninua...
August 19, 2008
Oigo a una madre

Estoy en una sala de espera y mientras busco en el bolso mi cuaderno, mi atención se fija en la pareja madre-hija que está aquí diagonal a mí. La enfermera llama a la madre para hacerle unas preguntas: “Kathy?” Ella deja de hacer lo que estaba haciendo, se para, las responde y rápidamente vuelve a su silla. Kathy como si nada hubiera pasado, continúa leyéndole un cuento en voz alta a su hija, con unas inflexiones de voz y una naturalidad que podrían posicionarla inmediatamente como lectora oficial en un colegio o una biblioteca. Su hija - de unos 6 años - hace acrobacias en la silla, aunque en su mente sigue la historia que cuenta Kathy. Estamos todos cautivados en silencio. Sólo una embarazada avanzada duerme en una silla hacia un rincón de la sala y yo, escribo narrando lo que sucede.
Esa sola escena me reconforta. Pienso y escribo: "Qué rico es ser madre!" Y lo digo también por aquellos hombres que lo son, los que son más madres que padres porque las circunstancias lo hicieron así o porque su naturaleza los dictó. Lo llevamos en las entrañas, en el alma la gran mayoría de las mujeres y con ese entrenamiento nos graduamos como expertas amantes hacia nuestros hijos, mimando, cuidando, educando, bañando, dando de comer, jugando con ellos... Mientras más les damos, más los queremos. Ellos no lo notan, o sí lo notan pero no lo aquilatan. Sólo lo sabrán realmente cuando tengan sus hijos y se entrenen por el resto de sus vidas en el arduo, gratificante y comprometido rol de ser madres.
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Coninua...
La risa de mi hijo

Oigo la risa de mi hijo. Me hace tan feliz escucharla. Él, cuando era un bebé, tenía una de esas risas que se escuchan en algunos muñecos-bebés. Una risa contagiosa, que se regocija en sí misma y da risa, y risa y risa. Hoy es un pre-adolescente, pero su risa sigue teniendo un encanto. Imagino que siempre va a ser así. Será de esas personas que con su risa contagian de alegría la vida de los demás. Ojalá no se le olvide reir, no sólo por él, sino también por todo el bien que sin saber deja a su paso.
Reir francamente es la manifestación de que la estamos pasando bien, de que somos felices en ese momento, de que no nos aguantamos por dentro; su risa es así, espontánea y sincera. Si tan sólo riera más. Cuando estoy en la casa y lo escucho reir en su cuarto sé que disfruta con su “hermano”, a quien le encanta hacerlo reir. Cuando ve programas cómicos en la tele, se oyen carcajadas que iluminan toda la casa y a mí, el alma. Yo lo escucho y río también, aunque no sepa el motivo de su risa, solo sé que está bien, y eso para mí basta.
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Coninua...
August 13, 2008
Dormir con él

Anoche - como casi siempre - fui la primera en conciliar el sueño. El suave sonido del televisor relataba las olimpíadas, evento esperado con ansias por mi otra mitad, quien con ese fanatismo no puede negar su género. Algunas veces me duermo en su pecho mientras él me hace cariño, otras me acuesto de lado con mi cara hacia afuera y ese hombre que amo se pega a mí acoplándose a mi figura. Yo idolatro su temperatura, tibia hasta el infinito, por eso toda la noche apenas nos separamos un instante lo busco a tientas como una cachorra. Siempre tengo que tocar alguna parte de su cuerpo, y ese contacto me adormece, me lleva al más rico bienestar. Nuestros cuerpos se complementan el uno con el otro, se reconocen y encuentran en contacto pleno.
A veces he pensado que el acto más íntimo entre dos personas es dormir juntos, más que hacer el amor. El compartir con alguien el sueño es un acto de total entrega, de abandono a su entera voluntad. Pueden matarnos sin nosotros darnos cuenta. Pueden amarnos en la penumbra, entre la intensidad del silencio y nuestra respiración.
Si me despierto en medio de la noche sin sueño, recorro la imagen de ese ser a quien me le metí en la cama de por vida y calibro a qué nivel de sueño está. En ese momento que es sólo mío, me confieso en el silencio de mi mente, y aunque no puede escucharme es como si lo sintiera todo y soy suya. Lo huelo. Huele a limpio, siempre huele a limpio, todo él: su aliento, su cuerpo, sus pliegues, sus rincones, sus partes íntimas. No es a jabón, ni a pasta de dientes... aún sudado tiene un olor suave, un olor tibio. Sus sabores son lo que su olor promete, son ricos. Él sabe a lo que debe saber el elixir. Amo su pecho peludo, sus piernas de Hulk, sus brazos de Popeye cuando ha comido espinacas, su ombligo con lint, sus pies gorditos, todas sus formas… Y su voz, su voz me lleva al cielo.
Percibo a veces que tiene un mal sueño, lo noto en su angustia, la expresión de su cara, sus movimientos involuntarios que me gritan “cálmame”, entonces mi mano salvadora lo rescata sobándolo, otras veces lo abrazo. Este sencillo acto tiene el poder maravilloso de cambiar su sueño y otras veces, lo saca de él. Se despierta y me lo agradece con su mirada, buscando una nueva forma para quedarnos dormidos. Él por su parte, también se adueña de mis pesadillas, y cuando me oye sale de su sueño y me calma con el sonido que hacemos cuando un bebé llora y está por quedarse dormido. Ssshhh, ssshh, sshh, sh!
En el ejercicio de acercarme, acercarme, acercarme y ser recibida, acariciada y amada termino acorralándolo en su lado de la cama. Ahora invertimos los papeles y yo lo abrazo en spoony como él lo hizo conmigo al quedarnos dormidos. Al amanecer, cuando no soporto mucho seguir en la cama, vuelvo a verlo. Él duerme profundo, más que nunca. Yo lo beso, lo arropo, le acerco mis almohadas a su cuerpo para que no extrañe mi presencia en la cama y evito con la almohadita, que alguna luz moleste sus ojos.
Después de cada noche de pocas palabras pero siempre dulces, descubro que con cada amanecer nos queremos más, por todo ese amor que nos hemos brindado dormidos. Si, este ritual de amar y cuidar, nos alimenta el amor. No perdemos el tiempo ni de día ni de noche. Nos amamos así por todo el tiempo que no estuvimos juntos en nuestras vidas, para compensar todos esos años cuando no nos conocíamos.
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Coninua...
August 10, 2008
Celebro que vivo

Estoy viva en mi cuerpo y en mi alma, porque las cosas siempre me tocan de una manera o de otra, pero también porque tengo la firme convicción de vivir, de no morir en mi alma mientras viva mi cuerpo, porque lo elijo con cada acto de mi día a día. Porque soy como una esponja, una esponja que absorve, que se llena y se rebosa… y con eso me refiero a que mi entorno me importa, me mueve, me conmueve… y celebro que así sea. Celebro estar viva y vivir la vida a mi manera. Celebro el que pueda comunicarme de esta manera contigo. Celebro haber decidido volver a estudiar a mi edad. Celebro el sol, la luna y las estrellas… No siempre fue así. Muchos años de mi vida sentí rencor por quienes me hacían daño, hasta que entendí que más daño me hacía yo misma con ese sentimiento que me carcomía el alma.
Por eso hoy doy de mí a todo aquel que lo necesite, porque me siento tan llena y mientras más doy, más me lleno. Mientras más dormimos, más sueño nos da. Mientras más comemos, más nos provoca comer. Mientras más hacemos el amor, más sexo queremos. Mientras más damos, más queremos dar.
Disponernos a pensar en el bien y no en el mal, en lo bueno que nos pasa - por poco que sea – es una cuestión de actitud. Y con esta actitud disponemos la energía en nuestro mundo de una manera positiva para nosotros. Agradecer las cosas buenas que tenemos, desear las que aún no conseguimos y actuar para que sucedan - con mente positiva siempre - es la forma de retribuirle a la vida su gran regalo. Con tan sólo sonreírle al vecino ya las cosas empiezan a mejorar, porque uno sonríe y los demás sonríen, no siempre pero es más lo que podemos conseguir con una sonrisa que con una mala cara. Entonces si queremos que las cosas mejoren empecemos por nosotros, iniciemos el cambio.
Si perdemos en un juego, pensar que en el otro vamos a esforzarnos más para desempeñarnos mejor, y con esta actitud algún día ganaremos, muchos días ganaremos, sabiendo que el ganar no nos vuelve distintos. Ganar es una circunstancia, como lo es perder. El disfrute está en el juego, en el camino, en el transcurso de las cosas… y si nos sentimos derrotados, ya de antemano hemos perdido.
La vida es bella. En nuestras manos está aprovechar lo que tenemos. Disfrutar de nuestra salud, hoy cuando la tenemos. Aquilatar la maravilla de que estamos completos, con nuestras dos manos y nuestros dos pies, con nuestros dos ojos… y si tenemos uno, al menos tenemos uno, y si estamos ciegos, todavía escuchamos y hablamos, y así, no dejarnos vencer. He recibido a través de la internet videos de personas que aún impedidas nos dan lecciones de vida. Puedo recordar a Tony Meléndez, a una mujer catira que no recuerdo su nombre pero sí su cara y su determinación a ser útil - ella sin brazos atiende a su bebé y vive su vida como si los tuviera - a Nick Vujicic, a Adriana Macías. Todos ellos nos enseñan que nada es imposible, que podemos ser felices a pesar de las circunstancias y que sólo depende de nosotros.
Hay cualquier cantidad de personas en mis mismas condiciones que no se creen capaces de intentar lo que quieran, que se sienten impedidos sin estarlo, que han muerto en vida... pero lo cierto es que nunca es tarde para intentarlo. Más bien, el hecho de intentar cosas que nunca hemos hecho nos renueva y nos llena de vida. Tenemos derecho a reintentar una y mil veces aquello que todavía soñamos. Porqué no tratar de nuevo? Por qué morirse antes de tiempo? Somos dueños de nuestras vidas. En nosotros está el saber aprovecharlo.
Tienes una cobija con qué arroparte cuando hay frío, un techo dónde dormir, tienes hijos o al menos sobrinos, o un ahijado, o los hijos de tus amigos, o los de tu vecino. Siempre hay alguien a quien querer. Tienes una pareja o alguien que te gusta, a tu familia por muy pequeña que sea, a tus amigos… con un sólo buen amigo que tengamos basta. Y si hoy no tienes nada o alguna de estas cosas, qué estás esperando? Vive para conseguirlas, que son las esenciales en la vida. Todo lo demás lo tenemos por añadidura. Todo lo demás si lo perdemos podemos sobrevivir, pero lo esencial está en nosotros. Lo tenemos todo para conseguir lo que se nos antoje, de nosotros depende. Contágiate y celebremos la vida!
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Coninua...
July 20, 2008
Hoyo en Uno

Se acerca el día de mi nacimiento y me lleno de emoción. Hoy empieza la cuenta regresiva. Los días de mi cumpleaños casi siempre han sido especiales o dignos de recordar. Por ejemplo, un día de mi cumpleaños supe que estaba embarazada, qué mejor regalo que ese! Hoy voy a contarles un cuento acerca de otro día de mi cumpleaños, cuando supe que era ganadora del primer premio en un sorteo, un televisor Samsung de 26’. Nada despreciable. Para rematar el primer premio tenía la opción de ganarme además EL GRAN PREMIO. Me llamaron para decirme que tenía pasaje de ida y vuelta a Caracas para ir a recibirlo; alguien con su debida identificación me recogería en el aeropuerto y me llevaría a ellos, Ediciones B. Para poder ganarme el premio mayor yo debía hacer algo más, pero sólo me lo dirían en el momento. Cuando se lo hice saber a mi familia, mi mama rápidamente con su mente de madre protectora - y quizás también porque vivíamos en el país en que vivíamos - me dijo:
- Tú estás segura? Y si te secuestran? Eso está muy raro. Porqué no llamas a la librería El Clip y hablas con la Sra. Beatríz?
Yo para tranquilizarla, obediente descolgué el teléfono y marqué los dígitos respectivos:
- Aló, Sra. Beatríz? (Y me identifiqué)
- La hija de la Sra. Esperanza?
Como podrán darse cuenta, yo vivía en un pueblo donde todo el mundo se conoce.
- Si, cómo está?
- Bien hija, aquí trabajandito. A ver, en qué puedo servirte?
- Si, bueno… (y la puse al tanto).
- Osea que tú eres la ganadora?
Y me explicó todo con pelos y señales, terminando la conversación con un "Así que dile a tu mamá que no se preocupe, que estás en buenas manos."
- Bueno, muchas gracias. Se lo diré.
Nos despedimos. Pocos días después estaba yo volando para Caracas. De la compañía me llevaron al Valle Arriba Golf Club, con una notario que redactaba el acta de lo ocurrido y me dijeron:
- Tienes que darle sin prácticas previas a la pelota y a 8 metros de distancia hacer un hoyo en uno. Si lo haces, serás acreedora de 500.000,oo dólares repartidos en 200 meses.
Lo que salía en 2.500,oo dólares mensuales por unos 16 años. No po-dí-a cre-er-lo!, pensé que era un juego de esos que le hacen a la gente para el programa “Cámara Escondida”. De todos modos, en medio del shock agarré el palo y me dije “yo puedo!”, y sintiéndome Tiger Woods me concentré, respiré profundo, calculé la fuerza con la que debía darle a la pelota para alcanzar la distancia deseada y tracé una línea imaginaria entre la pelota y el hoyo. Esa sería la línea por donde yo - con mi golpe - guiaría a la pelota a su destino.
Eran unas 15 personas las que presenciaban aquella loca situación, 14 de ellas como yo deseaban que pasara. Sólo uno de los dueños estaba presente y tenía sentimientos encontrados; una parte de él, el niño, el que cree que todo puede ser posible, lo deseaba. La otra parte no quería desembolsillar los reales, pero como adulto responsable sabía que lo prometido era deuda. Puedo asegurar que todos los ojos de ese lugar seguían a la pelota. El tiro empezó bien, pero fue perdiendo fuerza hasta el momento en que algunos pensaron que no iba a lograrlo. Fueron fracciones de segundo en las que mil imágenes pasaron por mi mente con absoluta nitidez. La pelota se alejó un poco de su destino, momento en el que vi remoto ese medio millón. Luego, como ayudada por el soplido de un niño, empezó a dibujar una ligera curva casi imperceptible y se acercó a la circunferencia del hoyo rozándola. Como si con ese roce cobrara vida me pareció que ella se dejó llevar por la tentación de caer en él. Mi mente estiró el momento y ese segundo lo viví intenso. Todos fuimos testigos de esa brevísima cópula entre el hoyo y la pelota, que terminó en el sonido característico e inequívoco de su caída en él. Aquello parecía un estadio de fútbol, las 15 personas (incluído el benefactor) eufóricas me alzaron en sus brazos como si hubiera metido un gol, mientras me paseaban por el campo, pero ya no era el campo de golf. En efecto estábamos en un partido de fútbol con todos los fanáticos llenando el estadio. Parecía que estábamos viviendo un sueño, éramos los integrantes del Real Madrid. En esa imagen en cámara lenta con mi cara llena de júbilo y mis brazos en alto celebrando la victoria termina esta anécdota, hasta finalmente congelarse en la pantalla.
Hoy, muchos años después, millonaria, inteligente y bella, escribo para mí y para ustedes, camuflajeada por la humildad de este blog.
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Coninua...
July 16, 2008
Ocio Durante el Oficio
Me da alergia ir para la oficina los lunes por la mañana. Y el problema es que la alergia no se me quita sino hasta los viernes por la tarde como a las 2pm cuando aún sentado en mi cubículo, mi concentración se desvía y comienza a pasear por las noticias más superficiales en Internet o simplemente me levanto y decido ir a prepararme un café al área de la cocina. A veces se me ocurre, que mientras el café se cuela, podría dibujar dos líneas paralelas con el azúcar, una a medio terminar, y dejar un pitillo removedor mal puesto a un lado para ver si se crea un poco de controversia cuando lo encuentren.
Como el café es un diurético termino yendo al baño y acordándome que debería escribirle al buzón de sugerencias de la compañía para que pongan un fondo musical en el baño de caballeros y así ensordecer algunos sonidos que la verdad no necesito escuchar. Y que con el fondo musical inviertan en unas velitas o un par de latas de aromatizante.
Y ya que estamos en el baño, sugerir que prohíban las conversaciones en los urinarios. Qué mala costumbre la de algunos colegas que pretenden comenzar una reunión de trabajo mientras se intenta orinar. Eso de tener que responder preguntas parado en frente del urinario, mientras entre mis manos tengo, me resulta un poco incómodo. Y es peor para personas que como yo, necesitamos de cierta concentración.
Pero como el buzón de sugerencias no existe, pienso que podría escribir con un marcador en las paredes del baño “El hilo musical no fue aprobado. Favor tararee una canción mientras se encuentre sentado” y como seguro no se les va a ocurrir que tararear, puedo sugerir algo como “Un, dos , tres, un pasito pa’ lante Maria” ya que tiene un buen ritmo abdominal. Y si los aromas se enrarecen que canten “O Fortuna” de Carl Orf . Y que no se inhiban con el volumen del canto así uno sabe a que atenerse antes de entrar.
Ya que estoy con el marcador en la mano colocar un cartel en la puerta del baño que diga, “Cerrado, use el baño del piso 2” y eso después de haber dejado unas galletitas cerca del café que “ayuden” a la digestión, y bueno, no muchos saben que los baños del piso 2 tampoco existen.
Ya son las 4:00pm del viernes, la alergia se me quita todavía me queda una hora. 60min de los que se pueden encargar los breakers de la luz.
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Coninua...
June 15, 2008
La arepa y otras cosillas

Creo en mi país a pesar de su presente. Su sol que penetra hasta los huesos, su geografía rica en contrastes, compuesta por todos los climas, su fauna, su flora… Frutas como una piña madura de embriagante olor, con solo pensarla se me hace agua la boca.
Y la arepa? Déjenme explicarles lo que es una arepa. Somos un país productor de maíz, el maíz es un producto tan noble, al que podemos comerlo de tantas maneras… la principal aquí es la arepa. Se muele el maíz y se procesa como producto de uso masivo, una harina cuya marca más conocida es la “Harina Pan”. Todos la comen, desde el más pintado hasta el más necesitado. Hay casi infinitas maneras de prepararla, cocinarla y comerla pero popularmente a esta harina se le agrega agua y sal, mientras la amasamos para que agarre consistencia. Luego mejor es dejarla reposar uno o dos minutos para volver a agregarle agua y ahora sí, amasarla de nuevo para que quede en el punto exacto y disponernos a hacer unas bolas que pueden ser contenidas en una mano y a las cuales vamos aplastando y redondeando dependiendo del grosor que nos guste. A unos les gustan gordas, a otros delgadas, pero se puede complacer a todos los gustos. Cuando quedamos satisfechos con la forma se colocan en un budare previamente aceitado “para hacerles la cara” y luego se pasan al horno, donde terminan de cocinarse unos minutos más esponjándose. Su cocción se prueba al darles toques precisos que suenan sordos. La mejor parte viene al comerlas. Generalmente se abren con un cuchillo por la orilla para rellenarlas con cuanta cosa existe. Combinan con todo, pero casi siempre usamos aparte del relleno, mantequilla. Es una masa muy distinta a la del pan ya que si picamos un pan con cuchillo nunca queda masa en éste, en cambio al picar una arepa la masa se pega al cuchillo y ay de nosotros si queremos quitarla con nuestros dedos antes de que enfríe un poco! La mantequilla se derrite al contacto inmediato con la arepa y se ve tan rico que a veces caemos en la tentación de sólo comer arepa con mantequilla.
Total que hay tantas cosas en este país… pero me falta hablar de su gente. He viajado por casi todo el país y conversado con su gente. Quiero proponerme recorrerlo todo, ojalá pueda. Mientras tanto, les cuento que el venezolano común se la tira de vivo. No sé porqué nos hemos acostumbrado al tráfico de influencias, a colearnos, a conseguir las cosas de la manera más fácil… nuestra actual situación debe enseñarnos algo, que debemos cambiar en nuestra esencia para ver si las cosas se componen, para brindarle a nuestros hijos un mejor país, el que conocimos de niños o uno mejor aún. Es una labor de todos y muy difícil, porque todo el tiempo estamos esperando a que los demás obren bien para nosotros hacerlo. Nos sentimos tontos cuando obramos correctamente y sabemos que nuestro vecino no lo hace, pero creo firmemente que debemos empezar por nosotros mismos para que el cambio suceda. Que los ángeles digan amén.
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Coninua...
May 26, 2008
Fantasía

Esta mañana cuando todavía no me había despertado del todo, me visualicé. Yo ahí acostada en mi cama, boca abajo, con las piernas algo abiertas, mi brazo y mano derecha debajo de mi cuerpo en franca dirección hacia mi pubis... Era una posición recurrente, porque encuentro acomodo en mi mano presionada por mi pubis, que es tibio como toda yo. Encuentro agrado en mi pubis presionado por mi mano, es decir, son una buena combinación, no mejor que otras manos, pero una buena combinación igual.
Me encontraba sola, una soledad que invita a reflexionar a veces, a bailar otras. Y esta vez me seducía para redescubrir mis placeres. Traté de pensar en alguien que no fuera mi pareja anterior y por eso me centré en ese hombre que estaba ayer en la fiesta. Nos conocemos. La primera vez que hablé con él fue para una entrevista de trabajo y a los cinco minutos de la entrevista me descubro viendo sus manos, su pelo liso como el mío... y su voz se volvía lenta en mi imaginación, se empastelaba. Las palabras salían por su boca escritas en el aire, como si fueran de gelatina transparente voladora. Unas se metían por mis oídos, otras me hacían cosquillitas en la nariz, algunas se metían como dedos entre mi pelo, otras más se metían por mi blusa y jugaban entre mis senos y así empecé un juego sexual con esas palabras... a todas estas con mi cara corporativa de entrevista de trabajo, cuando podía en ese mismo momento sin ningún reparo pasarme a su lado y tenerlo ahí mismo, como él me lo pidiera... Así fue. Por eso me sirvió hoy en mi fantasía mañanera.
Después de esta fantasía volví en mí y ahí me quedé, habiendo redescubierto lenguajes que creía olvidados en mi cuerpo desnudo.
Escrito el 9 de julio del 2002
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Coninua...
May 11, 2008
Al final de tu entierro
Me entraron unas ganas inmensas de aplaudir cuando terminó tu entierro. Pero pensé que era una locura, y no lo hice. De inmediato escuché a una de mis hermanas comentar “tengo ganas de aplaudir”. Me supongo que ella tendría ese mismo sentimiento, el de haber presenciado el final de un obra maestra, el final de una sinfonía majestuosa, la que hiciste de tu vida. Allí estábamos tus músicos principales, despidiéndonos de ti, el gran director, que resolvía los compases tristes con interpretaciones alegres, los alegres con grandes celebraciones llenas de carcajadas, y los compases sombríos con un extraordinario sentido de la adaptación y buen humor.
Cuidarte al final de tu enfermedad fue duro. A mi segunda visita después de tu operación, ya eras un fantasma que vivía fuera de la realidad. Con mucho esfuerzo te incorporabas en el presente y luego te devolvías a visitar tus recuerdos infantiles y tus seres queridos que desde hacia tiempo ya no existían.
Entendías que se te acababa el tiempo y por eso no dormías. Caminabas constantemente hacia lugares que ya no existían, te preocupabas por dejar problemas sin solución, querías seguir aportando tus grandes ideas a grandes planes, aspirabas estar enterado de las noticias, buscabas gozar de tus lecturas. Como buen enamorado de la vida querías aprovechar hasta el último momento para disfrutarla.
A mi regreso me traje algunas de tus cosas para recordarte. Pero mi sentimiento hacia ellas es apenas una memoria que me hace sonreír. Aprendí entonces que no las necesito porque llevo en mí un gran pedazo tuyo que siempre me acompaña, que me ayuda a tomar decisiones, que le da perspectiva a la vida, que le echa sal o azúcar, que me mantiene fuerte y certero, y que recuerda muchos de tus cuentos, ejemplos y palabras. Entonces decidí aplaudir y aún lo hago.
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Coninua...
May 7, 2008
In Fraganti

Siempre quisieron hacer el amor en la playa, con el sonido de las olas como música, bajo la luz de la luna y las estrellas… y la presencia probable de un testigo lejano que pudiera disfrutar desde su lugar, la escena que allí se representaba. Les parecía romantiquísimo pero no resultó así.
Estaban de vacaciones en la isla y el padre de ella les dio permiso para salir. Por razones que no vienen al caso tenían casi un mes sin sentirse, ella sin darle cabida en su cuerpo, él sin ocupar sus espacios… y eso es mucho para la juventud. Se les presentó el momento y con un “vámonos a la playa” comenzaron a sentir en sus cuerpos el deseo, que crecía a medida que sus pasos se acercaban a la orilla…
- Estás seguro?
- Claro, ahorita no hay nadie allá, y si hay, son parejas como nosotros.
- Cómo vamos a hacer?
- Bueno, vamos a ver. Aquí tengo la toalla.
(Beso nervioso, corto)
- Dónde? En esas palmeras?
- No, ahí estamos muy cerca del restaurante. Vámonos más allá.
(Silencio mientras él escogía el lugar con su mirada). (Besos ya más profundos que bajaban hasta su cuello. Tres pasos más).
La arrinconó contra una palmera y subió su franela corta para besar sus senos turgentes. Entonces a través de ellos toda ella sentía su lengua y cómo quería saborearla entera a través de sus pezones duros de tanto placer. Ella sentía una corriente que se apoderaba de su cuerpo, mojándola toda de ansiedad. Era como si la saliva de él viajara desde sus senos hasta su sexo y su cuerpo pedía a gritos su presencia en él.
- Más, más. -Pedía su voz.
Ella lamía sus orejas y acariciaba su pelo. Su minifalda era propicia para que las manos de él quisieran agarrar sus nalgas. Sentía también la firmeza en su pierna. Entonces su mano quiso acariciarlo a través del short y luego meterse dentro del ahort.
- No aguanto más. Aquí.
- No. - Le dijo él.
Entonces la guió aún unos cuantos pasos más.
- Quítate las pantaletas (mientras tendía rápidamente la toalla en la arena).
Ella calladita y diligente lo hizo y se acostó boca arriba mientras él se arrodillaba, se bajó el short a media pierna, dio un último vistazo a su alrededor chequeando alguna presencia humana y sin más obstáculos que el propio cielo, con movimientos expertos entró en ella, quien olvidada por completo de cualquier testigo, inmediatamte comenzó a tener el primer orgasmo de los que pudieron venir, mientras agarraba con fuerza sus nalgas y caía en un estado de semiinconsciencia que la hacía cerrar los ojos para disfrutarlo mucho más.
De repente cuando abre los ojos ve las piernas de un hombre parado a unos 20 centímetros de su cabeza. Si, podía tocarlo si hubiera querido. Y le dijo a su novio:
- Hay alguien aquí.
El estaba tan concentrado en lo que hacía que no la escuchó a la primera.
- Hay un hombre.- Aseguró.
Él salió de su estado sexual a otro de arrechera, se incorporó inmediatamente y dejó salir su furia contra este hombre joven – aunque mayor que ellos – que nunca supieron cuánto tiempo tenía allí. Ella era presa del pánico, ya que el tipo decía que iba a montarlos en la unidad, cual policía, aunque no tenía pinta para nada, pero ella nada más de pensar que su papá iba a enterarse, no quería ni imaginárselo. Tener que llamarlo de la policía para decirle que estaba detenida por hacer el amor en público, no gracias. Entonces se volvió sumisa, casi transparente y trató en lo posible de calmar a su novio, quien largó una sarta de improperios contra este tipo. Hoy no saben cómo finalmente dejó que se fueran... La velada terminó en un coito interruptus que les dejó una desazón extraña y además a su novio, unas ganas de entrarle a coñazos al interruptor sexual, disque policía, que nunca sació.
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Coninua...
April 22, 2008
Contraseñas: herramientas de nuestro crecimiento personal

No sé cuándo empezamos a ponerle clave a algo…
Fue sin darnos cuenta. Quizás fue en el trabajo, cuando nos asignaron una clave para tener acceso
a la línea telefónica, clave para la fotocopiadora,
clave para entrar en la computadora y clave para entrar a cada programa… Todo para que quede registrado quién fue el culpable si algo sale mal.
Y si sale bien? Quién se lleva el crédito?
Clave en el celular para poder marcar los números, clave para accesar a los mensajes, clave para el correo electrónico y ay de uno si se tienen varios! Clave para las tarjetas de débito y hay que ponerse creativos, porque sino cualquiera las descubre. Clave para iTunes, para Amazon, para Facebook, para cada website en el que uno quiere participar. Y menos mal que ahora nuestro ID es normalmente nuestra dirección de correo electrónico, porque cuando se nos ocurrió inventarnos un ID diferente en cada website, eso sí que fue la locura. Se mezclaban en mi cabeza unos con otros y tardaba como 20 minutos en dar con el acertado. Y es que nos hemos hecho no sólo testigos de este crecimiento tecnológico desmesurado,
sino víctimas del atropello a nuestra memoria,
con tantos procesos para entrar aquí, allá y más allá.
Quisiera que llegara pronto lo de colocar mi dedo índice en la pantalla y “That’s it”, listo.
Que la computadora o el aparato que sea,
me identifique por mis huellas digitales y
así saco de mi memoria tanta contraseña sin sentido.
Ya no soy capaz de ver la hora mientras hablo y
conduzco a la vez. Me he vuelto básica.
Antes me maquillaba, hablaba por teléfono y
desayunaba mientras manejaba vía al trabajo…
Ahora me he vuelto torpe, o fue que antes
simplemente tenía un angelito de la guarda,
ocupado en todo lo que yo no podía hacer sola.
Lo cierto es que ahora me concentro más;
sólo hago dos cosas cuando mucho…
Soy más conciente del peligro que puedo
representar para los demás.
Finalmente estoy madurando.
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Coninua...
April 18, 2008
Creo

Creo en la generosidad de Liszt
cuando presentó públicamente a Chopin,
en el amor incólume de Eloísa
hacia el padre de su único hijo: Astrolabio.
Creo en la palabra escrita de Borges, Neruda, Nazoa...
y tantos otros que ahora se me escapan,
en las canciones de mi negro Frank,
Rubén Blades, Alberto Cortéz, Miguel Ríos,
Manzanero, Juan Luis Guerra, Concha Valdez...
“Creo en el llanto silencioso de Aquiles frente al mar”,
porque desde la primera vez que leí esta frase me vi,
ahí estaba yo con mis reflexiones
y mis lágrimas calmas...
Creo en la mirada de Arnaldo...
porque allí me consigo, desnuda el alma;
en la poesía de Fernando,
en el amor que no pudo ser...
en la amistad como la relación más libre que existe.
Creo en la lucha de mi madre por encontrar
el equilibrio entre ser y parecer,
en mi padre por ser alguien sin falsas pretensiones,
por su espíritu llano.
Creo en los niños de hoy
y en el mañana que muchos como yo queremos darles,
creo en Venezuela a pesar de su presente.
Creo en el amor de mi hijo Simón hacia su padre,
en la alegría de vivir de mis morochos,
en el carácter de mi sobrina
y en la inocencia de su hermano.
Creo en la verdad que hay en cada uno de nosotros,
por la que luchamos y vivimos;
en que podemos hacer un mundo con nuestras reglas
y no las que han dictado los demás,
en mis contradicciones, porque si no no sería yo.
Creo en las personas que han dejado huella en mí,
en las que me han conmovido,
en las que me han enseñado
y en las que me han hecho reír.
Creo en mis equivocaciones
y aún más en mis rectificaciones,
en mi condición humana y por eso falible.
Por eso creo en lo que he sido,
en lo que soy y en lo que quiero ser...
porque creo en la brisa que mueve mi pelo
y acaricia mi piel,
en el sol que calienta mis huesos y mi ser
llenándome de energía para empezar el día,
en la lluvia que me invita a caminar bajo ella,
en el árbol como figura perfecta de la naturaleza,
lleno de vida,
en la tibieza de la tierra bajo mis pies descalzos,
que me hace sentirme dueña del mundo;
en la música que me hace bailar
y en el golpe del tambor que hace correr
sangre de negra por mis venas.
Creo en el valor que para mí van tomando
algunas palabras con el paso de los años,
como si fueran encajando poco a poco
en el enorme rompecabezas de mi vida,
rica en vivencias
y en el que espero todavía falten
muchas piezas por colocar.
Creo hoy más que nunca en la palabra “bienestar”,
es lo que siento cuando estoy con mi hijo
y el hombre que amo,
bienestar también siento
cuando ese hombre me abraza
y me sorprendo de estar tan viva.
Creo en el amor que sentí por el padre de mi hijo,
un amor genuino y enorme,
en mi corazón que ha amado más de una vez,
en mi cuerpo que siente,
en mi mente que quiere seguir aprendiendo
y en el alma de María Beatríz que me define.
Creo en la familia
como gente de mi sangre y creencias,
pero también creo en la familia que se forma
con las personas que vamos adoptando en el camino.
Creo en Dios porque está en mí,
como el amor, que no lo veo pero lo siento,
como la certeza de que escribo para mí
y para todo aquel que sin pretenderlo
pueda encontrar parte de sí mismo
en alguna de estas líneas.
Creo en el hombre que amo,
como alguien que me conoce con profundidad
y me toma entera arriesgándose una vez más
a creer en alguien,
creo en el amor que siento por él,
un amor que me hace recobrar
cosas que yo imaginaba ya perdidas en mí...
Creo en que todo puede ser posible,
creo porque quiero creer
y porque quiero es que lo intento!
(Escrito el 27 de septiembre del añ0 2002)
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Coninua...
Reencuentro

Estoy empezando a encontrarme una vez más. Resulta que a veces nos alejamos de quienes somos y nos vemos a nosotros mismos iguales físicamente en el espejo, pero extraños en eso que no se puede ver a simple vista.
Más de una vez en mi vida he pasado por una etapa de metamorfosis… el resultado es siempre satisfactorio, porque en ese momento muy dentro de mí me encuentro y sonrío, me reconozco y abrazo, me acepto… a la nueva yo que tiene mucho de la vieja, porque mi esencia nunca cambia, permanence a través del tiempo, pero esta nueva yo es distinta, ni mejor ni peor, tan sólo distinta y lo más importante es que soy yo.
Hoy quería disfrutar parte de la mañana con mi hijo, quería caminar a un parque… y el camino me brindó otro. Yo entré, en ese momento estaba solo para mí y poco a poco fue llegando más gente: un ciclista, una mujer pensadora como yo.
Siento la brisa en mi cuerpo, el sol en mi piel… Si hubiera venido con mi hijo hubiera sido feliz, pero quizás por algo él no tuvo que venir, para disfrutar de esta comunión conmigo misma.
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Coninua...
En estos tiempos modernos

Los niños se adaptan a todo. Se me ocurre una idea, podría enterrar el playstation en un hueco de esos inmensos que hacemos en la playa y a la semana, puede que ya él no lo echaría en falta.
Ha sido nuestra culpa el permitir que ese ladrón de niños haya entrado a la casa… y ahora pagamos las consecuencias. En cambio, el libro es vida, porque cuando agarramos un libro y empezamos a leerlo, se abre un mundo infinito de conocimiento, de historias no conocidas, de cosas por descubrir…
Quiero que este tiempo no me robe las cosas sencillas de la vida. Quiero salir con mi hijo y que no esté conectado a su iPod, sino a mí. Qué extraño es para mí estar los cinco en el carro, como si ninguno estuviera allí, cada quien aislado en su juguetico (llámese celular, gameboy o lo que sea), encerrado en su mundo, del cual los demás no son partícipes.
Porqué y cuándo las cosas se volvieron de esta manera? Es como si quisiéramos evitar a toda costa el contacto diario con los demás. Nos tornamos huraños sin sentido, porque aunque no necesitamos de nadie para ser felices, la vida es más hermosa cuando la compartimos con quienes amamos. Compartir nos enriquece los momentos, y la vida está formada de ellos…
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Coninua...
April 17, 2008
Pensando en voz alta

Quién soy? Cómo puedo haber puesto las vitaminas por segunda vez en la nevera? Dónde está mi mente cuando hago esas cosas? Es acaso un desdoblamiento de la personalidad? Si así es, menos mal que a mi otra yo no le ha dado por ser mujer fatal.
Recuerdo cuando era pequeña y ví capítulos de una telenovela protagonizada por Ivonne Attas, en la que ella cambiaba su personalidad. Sucedía de noche, mientras ella dormía, o creía que dormía... entonces salía otra mujer de ella, una mujer que era capaz de hacer todo lo que la primera (la que vivía de día) no podía hacer. Ese no es mi caso, quizás el mío sea uno llamado "Camino al Alzheimer". Quizás lo que yo debo hacer es comenzar a escribir sin parar, para no olvidar...
Hace años leí en un periódico un artículo titulado "20 Signos del Alzheimer"; si uno tenía al menos 4 de ellos podía concluir que era candidato a esta enfermedad, y yo tenía como 12. Qué tal? Osea - pensé -por el camino que voy podré llegar a ser la Reina del Alzheimer. Para los que no saben mucho del tema, el que sufre esta enfermedad comienza a perder la memoria a corto plazo, es decir, algunos pueden recordar su niñez o lo que vivieron hace unos años, pero no lo que hicieron ayer o hace poco. Para combatirla hay que ejercitar la mente, aprender un idioma, tratar de aprender y relacionar números de teléfono con personas, fechas de nacimiento con caras. Algo que nos mantenga atados, para no perder el hilo con el presente.
No le tengo miedo a las arrugas, ni a la edad, ni a los nietos, ni a perder mi figura con el paso de los años. No le tengo miedo a la vejez, le tengo miedo a perder la lucidez... a no reconocer a mi gente ni a mi entorno, a estar perdida en un mundo conocido. Y qué haré para combatir mis temores? Tratar de no ocupar mi tiempo preocupándome por lo que no ha sucedido y quizás no suceda, sino más bien actuar para evitarlo o retrasarlo lo más que pueda, concientizando lo que hago. Tratar de no volver a poner las vitaminas en la nevera... (al menos fueron las vitaminas y no los lentes, quiero decir, al menos las vitaminas son una especie de comida y comida combina con nevera). Estaría peor que las pusiera en el horno? Creo que sí, porque existe el riesgo de que alguien precaliente el horno sin chequear antes si otra personita por ahí metió algo indebido.
Quiero aprovechar esta nueva sed de conocimiento que me da la internet para entrenar mi mente, ahora concientemente, y rescatarla de un futuro incierto, porque así lo hago cierto y entonces mío, disfrutando el hoy y viviendo esta conciencia que hoy me brinda la vida. Así que, asústate alzheimer, que aquí vengo yo!
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Coninua...
April 12, 2008
Mi Arbol y Yo

Soñé que estaba a punto de dormirme
y desde el sofá-cama veía la noche
a través de una pared cristalina...
Sentía el frío rico de Sanare,
oía el reconfortante sonido del río y
toda la vegetación que había ante mí
me hablaba, invitándome a adentrarme en ella...
Todo era calma,
era el saber que nos habíamos encontrado...
Pasó un buen rato mientras yo parecía
aprenderme los caminos de aquel paisaje.
En ese lapso la pared fue consumiéndose
hasta desaparecer, si, ya no existía,
sólo me protegía del frío porque mi nuevo cuarto
seguía siendo un tanto cálido...
Me tentaba la no pared,
me provocaba acercarme a los árboles,
a mis árboles (sucede que me adueño íntimamente
de todo lo que me encanta). Ellos eran míos
sin saberlo o quizás yo creía eso y la verdad era que
yo era de ellos...Me paré hasta el borde del piso
y olía a selva adentro, el frío estaba allí
pero ya no lo sentía; como cuando voy a un río
y puede más el encanto del agua
que su temperatura helada. Así fue.
Sentía mi cuerpo liviano y me dejé caer hacia afuera
pero no caí, me elevé... y flotaba sobre los árboles,
mientras mi cuerpo registraba mil sensaciones.
Yo era de esa selva virgen y me sentía plena.
Visité la montaña con mi vuelo, volaba alto y bajito,
siempre lento, hasta que me posé en un árbol enorme,
por supuesto. Él me esperaba desde siempre.
Me senté en una rama fuerte como todo él y descansé,
me sentí tan relajada que decidí acostarme en ella
contando con mi buen equilibrio y entonces me dormí.
Yo sentía cómo iba transformándome
y me dejaba llevar; era yo como un camaleón
- ese animal que se mimetiza y adopta la apariencia
de su entorno - pero no era sólo por fuera.
Mi árbol empezó a absorverme y yo también quería.
Me quedé absolutamente inmmóvil,
rendida? tranquilita, mientras nos hacíamos el amor
y nos volvimos uno. Yo tomé su propiedad
y él tomó mi alma. Ambos crecimos en ese momento.
Yo me disgregué por todos sus rincones para formar
parte de sus ramas, hojas, tronco y raíces...
Él, aumento en tamaño y vida.
Ahora era yo el árbol y los pajaritos celebraban
mi nueva forma. Iban a recibirme posándose
y anidando en mí. Todo era una fiesta,
una fiesta de gozo,de alegría en calma,
de plenitud extrema. Las ardillas, las hormigas...
todos vivían en mí y yo era feliz
porque esa era mi misión.
Mi cuerpo albergaba tantas vidas...
Nos entendíamos sin palabras.
Entonces comprendí una vez más que el lenguaje
no es siempre hablado... Como dos personas extrañas
que se ven en la calle y espontáneamente y al unísono
se regalan una sonrisa... Entendí tantas cosas...
Que yo no era la primera ni la última,
que mucha gente al igual que yo era parte del árbol
y que seguiría ocurriendo por los siglos de los siglos.
Amaneció y con la luz y el leve calorcito de la mañana
me desperté en el cuarto que formó parte de mi sueño.
Algo de mi alma se quedó en el árbol.
No me siento mal
porque cuando reparto mi alma por los caminos,
algo dentro de mí es más feliz.
No me voy acabando, me multiplico.
Ahora escribo y a través de la pared cristalina,
la naturaleza entera es testigo.
(Escrito el 23 de junio del 2007 a las 7.32 a.m.)
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Coninua...