August 11, 2013

Fui una Cacique



Según Wikipedia, la palabra cacique significa “el individuo que representa la autoridad en una comunidad indígena.” Con el tiempo, el término ha tomado un sentido más despótico que gerencial. Por eso, ser un cacique en estos tiempos no es positivo. Es ser un opresor, aprovechándose de la debilidad del oprimido. Actualmente se ha popularizado la palabra “bully” para expresar lo mismo, incluso en el idioma español.


Con pena (vergüenza) y honestidad debo decir que fui una cacique en algún momento de mi adolescencia. Me antojé de un ser hermoso y auténtico llamado Alberto. Un muchacho sensible, demasiado sensible para mi gusto. Por eso se convirtió en mi víctima. No sé qué detonó esa vil parte en mí; lo cierto es que lo recuerdo con nitidez, como casi todos mis recuerdos.

Yo tenía 14 años y él seguro tenía 15 o 16. Era más alto y más fuerte que yo, pero nunca quiso rebelarse. Mis maldades eran, por ejemplo, decirle: “Alberto, te pago dos bolívares si te tomas este frasquito de compota. El frasquito tenía agua estancada que habríamos recogido de cualquier lago de mala muerte para ver los microbios en el microscopio de nuestra clase de Biología. Por supuesto, la petición se la hacía después de clase… y Alberto sin chistar se lo tomaba. La situación no era que él necesitaba el dinero; más bien era que había decidido ser sumiso ante mí, no sé porqué razón. Nunca me pegó, ni siquiera me gritó. Quizás en su casa le habían enseñado que “a una mujer no se le toca ni con el pétalo de una rosa.” Yo me merecía unos puños bien dados, la verdad, pero esa no era la lección que él tenía para mí.

Yo lo veía débil, un blanco fácil y por eso seguía “tirándole dardos.” Me sentía de alguna forma… poderosa. Qué equivocada estaba! No somos poderosos cuando vencemos a los débiles, en lo más mínimo. Poderosos somos cuando los defendemos, cuando nos enfrentamos y vencemos a quien hace una injusticia. Mi adolescencia estaba rigiendo mi cerebro y yo, literalmente adolescía de un sano juicio. Recuerdo que un día en clase de dibujo técnico me encontraba yo sacándole punta a mi lápiz con un sacapunta de esos regulares metálicos, sin depósito para la viruta. En voz alta pregunté como para mí misma “Dónde está la basura?” me paré de mi mesa y cuando encontré a Alberto me respondí “Aquí está” y tiré la viruta sobre él. Él, prácticamente ni se inmutaba. Imagino que respiraba profundo y se contenía las ganas de entrarme a puños. Ciertamente no lo sé.

Yo pensaba que iba a fastidiarle la vida hasta que él mismo me dijera “basta.” Yo quería que él se rebelara, pero no. En una clase de Guiatura él habló y lloró por mi actitud. Mi corazón, ese que hoy es tan bueno gracias a Dios, ni pizca que se ablandaba. Sorpresivamente para mí, llegó el día en que me cansé de caciquearlo. Fue el día en que lo encontré llorando por la muerte de uno de sus mejores amigos. Ahí sí es verdad que me destrozó el alma y le pedí perdón por haberle hecho tanto daño. Él aceptó mis disculpas rapidito porque tiene un alma noble y bella en la que no caben rencores.

Poco después lo vi actuar imagino que en una de sus primeras obras de teatro. Actuaba de radio de aquellos tiempos, esos que hacían un ruido particular cuando uno cambiaba de estación a estación. Tremenda actuación! Era en serio un radio personificado que empezaba a dar noticias o a cantar una canción sin dejar de lado el sonido “uuiiiiuuuu” entre cada estación. Todos nos quedamos locos y fascinados con su papel. Lógicamente, se volvió actor profesional y ha hecho papeles bien interesantes. La mayoría de sus actuaciones teatrales me las he perdido pero igual sé que es muy bueno. Que tiene talento en serio.

Los años han pasado y volvimos a vernos algunas veces. Hoy mantenemos contacto vía FB. El otro día hace ya meses cuando chateamos y nos estábamos despidiendo me escribió: “Te quiero burda.” Yo le creo; él es puro amor y paz, de esas almas que nada las oscurece o enturbia. Yo también lo quiero, lo quiero además con agradecimiento por ser tan generoso. Después de todos estos años, Alberto es una inspiración para mí. Una persona capaz de dar y dar sin límites. Alguien a quien le hice daño y me pagó con perdón y amistad. Qué suerte he tenido en la vida!

August 9, 2013

A sus 85 años y un día


                                       
Siempre he querido escribirle a dos grandes de mis ídolos: Rubén Blades y Shakira. Nunca lo he hecho. Creo que el ritmo de la vida nos quita mucho de lo que queremos hacer o quizás nosotros sencillamente dejamos que él nos gane la batalla. No puede ser y no debe ser. Hoy le escribo a usted, otro de mis ídolos, un ídolo que ha vivido y envejecido y que lamentablemente hoy sufre de demencia vascular.

Mi única historia cercana con usted fue cuando yo era Coordinadora de Atención al Huesped VIP en el Hilton de Barquisimeto. Entre mis funciones estaba la de redactar las cartas de bienvenida para ustedes, las cuales eran firmadas luego de ser aprobadas por el Gerente General, el Sr. Concari. Debo darle crédito a él, quien me enseñó mucho de cómo escribir sólo lo necesario. A mí que me encanta escribir y escribir, allí aprendí a ser directa, a ir al grano. Aún así, usted no se comió el cuento y cuando se estaba yendo del hotel le preguntó a Yalexie, una gran amiga y compañera de trabajo, quién era la persona encargada de escribir las cartas de bienvenida. Ella dijo la verdad y usted me mandó a buscar sólo para darme unas sinceras gracias por mis bellas palabras. Más sabe diablo por viejo que por diablo.

Hoy leí un artículo precioso llamado “PERFIL: La cronista de Tío Simón.” Lo compartí en FB e identifiqué allí a un gentío, a todos aquellos amigos que pienso podrían sentirlo en su total plenitud. Luego, empecé una tertulia pública con Mechita, una de mis amigas facebookianas. Una tertulia que me hizo rapidito ir por una cerveza en mi nevera porque eran muchas las cosas que sentía y porque, porqué no decirlo! Quería brindar por usted. Aquí, tomándome la segunda, me animo a escribirle, Simón, aún cuando no sé si alguno de sus hijos le lea esta carta, y si así sucediera, tampoco sé cuál es realmente su estado para saber si podría recibir mi amor a través de estas líneas.

El artículo decía que la canción que más lo define es “Todo ese campo es mío.” La busqué en Youtube y de repente me entraron unas ganas de visitarlo, de abrazarlo, de estar cerca de usted. Se me salieron las lágrimas. Aún cuando soy media pedida para llorar, creo que a cualquiera le tiemblan las piernas si se pone realmente a oír esa canción y pensar en usted. A mí siempre me ha gustado “Mercedes” y creo que es porque a mi hijo Simón (qué le parece que se llama como usted? Lindas casualidades de la vida!) siempre le encantó desde que era chiquitico. Por supuesto, como soy una principiante de por vida tocando el cuatro, una de las canciones que toco y canto con mucho orgullo es “La Vaca Mariposa” pero realmente la que más me gusta de todas es “Mi querencia.”

Hoy lo siento a usted más que nunca, porque resulta que dejé Venezuela hace casi 8 años y cómo la extraño! Aún cuando estoy consciente de lo mal que estamos y quizás por eso la extraño más, por eso sigo pegada a sus noticias, a las injusticias que la aquejan. Esto de ser inmigrante no es nada fácil! Uno vive con el alma en su tierra. En nuestra tertulia, Mechita extrajo un pedacito del escrito de hoy de mi amado Laureano: “Simón cumple 85 años en medio del afecto de su pueblo, más allá de todas las divisiones que la intolerancia impone. Es uno de esos raros consensos que los venezolanos tenemos en estos tiempos. Para decirlo llaneramente, Simón es como el mastranto que perfuma nuestra historia, es de las cosas bonitas que nos han pasado en el devenir del tiempo y cuya sola existencia nos hace mejores.” Qué cosa más cierta! Y es que necesitamos tantos hombres como usted, de esos a los que no se les puede sacar un trapo sucio, de esos que son ejemplo de principio a fin. Por eso, además de la nostalgia, estoy aquí a punto de empezar la tercera, porque la cerveza me sabe a Venezuela, más aún si tiene colita. También porque usted es Venezuela pura, esa que no podemos olvidar y esa que todos deseamos que vuelva.

Hay otros personajes conocidos que también adoro y que están exiliados como yo; entre esos está una pareja preciosa formada por mi negro Frank e Indira Páez. Me los encontré hace unos años en el aeropuerto de Miami esperando abordar un vuelo a Venezuela. Yo siempre he adorado a Frank, desde antes de mis 13 pero a esa edad me estrené como conciertera empedernida en uno de sus conciertos en el Anfiteatro Oscar Martínez. De Indira me enamoré desde el primer escrito. Esa mujer es intensa hasta la pared de enfrente. Por eso me animé a declararles mi amor ese día en el aeropuerto. Les dije todo lo que significaban para mí y ella me regaló un abrazo divino.

Tengo a todos revueltos en el alma hoy; las lecciones del Sr. Concari no hicieron mucho efecto; no hoy. Es la cerveza con hielo porque no tenía más en la nevera, es el exilio, es usted y sus 85. Dios lo cuide, Simón. Gracias por estos 85 años de amor a Venezuela!


May 5, 2013

Una Cuestión de Deudas




Acabo de leer un escrito llamado “Henrique by myself” de la periodista Maruja Dagnino. De esos escritos que me hacen dejar de leerlos por momentos para desbordar mi llanto y luego sonarme la nariz. Desgarrador desde mi punto de vista. Y desgarrador no por triste, sino porque cuando uno lo lee se da cuenta que fue gestándose con la experiencia de la vida, una de esas cartas que dejan a uno livianito después de escribirlas, una carta que la periodista se debía a sí misma.

Me confieso seguidora ferviente de María Corina Machado. Desde la primera vez que oí hablar a esa mujer quedé cautivada por su valentía, por su facilidad de expresión. Creo que he visto casi todas sus alocuciones públicas. Cada una de ellas me ha llevado a respetarla y admirarla más, a creer en ella; tanto así que voté por ella en las primarias, aún cuando sabía que no ganaría, pero yo se lo debía.

Ganó el flaco - y como toda opositora que se respete – aún cuando él no fuera mi candidato inicial, seguí su camino. Para mí no fue fácil “enamorarme” de Henrique Capriles, sobretodo porque me conquista la gente con poder de verbo y claramente ésta era una de sus carencias. Aún así, le dí mi voto de confianza porque su labor como Gobernador del Estado Miranda es un ejemplo a seguir, por su trabajo arduo de visitar cada pueblo de Venezuela durante su precandidatura, por el mensaje de su discurso, que aún falto de forma era sólido en su fondo. El 7 de Octubre me sentí desilusionada cuando lo ví reconocer su derrota tan rápido, sobretodo porque soy de la gente que piensa que no sólo en Octubre nos hicieron trampa. Para mí, la trampa del chavismo es un cuento que pica y se extiende. Con los días entendí su posición y la acepté. Ahora bien, este 14A, a la hora de Henrique hablarle al país después que el CNE diera los resultados me sentí más respaldada que nunca cuando los desconoció. Entendí que su actitud no hubiera sido tan impactante en mí si en Octubre hubiera cuestionado las elecciones como yo deseaba que lo hiciera. A este hombre el 14A se le veía la firmeza y convicción en la cara y en sus palabras. En sus manos tenía la paca de las 3200 irregularidades sucedidas durante todo el día, reportadas y registradas minuciosamente por un eficaz equipo. Entendí que era un hombre aún más serio de lo que yo me había imaginado. Nos estaba dando una lección de cómo es que se pelea! Que no sólo es con la pasión sino también con la razón, factor mucho más importante. Nos prometió que iba a pelear su posición hasta el final porque tenía las pruebas en la mano. Esa noche él se ganó una enamorada más, y digo enamorada porque eso es lo que ese hombre ha hecho con todos los venezolanos que lo siguen. Estoy enamorada del ser, ese ser tan hermoso que demuestra ser, ese ser que enamora a hombres y a mujeres de todas las edades, incluso a niños. Como nunca en mi vida he confiado en ningún polítco, hoy confío en este maravilloso líder que se ha forjado con el trabajo arduo y por amor a Venezuela. Por eso, entendí perfectamente cuando Maruja Dagnino dice en su escrito que se “enamoró” de él; ése es el sentimiento de todos los venezolanos que siguen al flaco, aunque aún no lo hayan entendido, el sentimiento digo. Henrique, como bien reseña la periodista, nos está demostrando que tiene un espíritu inquebrantable. Su discurso ha mejorado notablemente debido al ejercicio diario de expresarse, de querer comunicar, de hacernos partícipe de su proyecto. Hoy por hoy creo profundamente en sus palabras (y mucho más en sus actos) y entiendo cuando dice que su objetivo no es llegar a la presidencia; su objetivo trasciende esa meta a corto plazo, su objetivo es trabajar por y para Venezuela, es sacar a Venezuela adelante. En él tengo mi fé puesta y por él temo. Si. Cuando uno quiere a alguien teme por su vida. No quiero ni imaginármelo pero mi mente me plantea posibilidades que desecho en fracciones de segundo. Se lo encomiendo a la virgen y a todos los santos para que lo acompañen y libren de todo mal y peligro. Si algo le pasara, la lucha seguiría porque no nos podemos rendir. Se lo deberíamos a Venezuela y a él que nos ha llenado de esperanza. Lo cierto es que yo quiero que mi Presidente sea él. Que Dios lo proteja!

Publico por escrito mi respaldo a ese ser llamado Henrique Capriles Radonski, hoy 5 de mayo de 2013, por si acaso a alguien le quedaba duda.

A continuación, el link del artículo que motivó mi escrito. Absolutamente sin desperdicios.

April 2, 2013

La Mano de Mi Hermanita




Estuve en Venezuela tratando de renovarme. Iba a escaparme 2 semanas y - por motivos ajenos a mi voluntad - terminaron siendo 5. Necesitaba sentirme querida, ser mimada por los míos hasta el cansancio, para así volver con las pilas puestas al ruedo otra vez.

Vivir fuera de mi país no ha sido fácil; a pesar de la vida feliz que tengo, fueron muchas las renuncias. La parte buena es que las relaciones con mi familia, de alguna manera, son mejores. Por ejemplo, siento que mi hermanita me quiere más, que siempre se alegra cuando oye mi voz al teléfono… Ella siempre ha tenido un efecto mágico en mí y en casi todo el mundo. Su encanto se debe a su aura especial, a su sonrisa franca, a sus ojos llenos de amor y a un sin fin de cosas que no todos conocen pero que sencillamente forman parte de la mezcla divina que la forma. Así embruja hasta al más pintado. Ella es una mujer de actos, más que de palabras. Nada la estresa, pocas cosas la preocupan y cuando sucede, igual se arma de un valor sereno que la apodera del control. Eso sí, manda más que un dinamo! Y así, con sus bellos ojos enmarcados por unas pestañas afianzadas con rimmel, domina todo y a todos. Desde cuándo? Creo que desde que se embarazó por vez primera. Sin saberlo, la madre que había en ella se apoderó de su cuerpo para nunca más dejarlo. Sí. Ella es madre por encima de todo; madre de sus hijos y de todos los niños del mundo. Y lo digo en serio! No puede ver un bebé porque se lo encasqueta en la cadera, le da de comer, le cambia los pañales… Creo que si pudiera, adoptaría a todos los huerfanitos del mundo!

La recuerdo casi de bebé recién despertada con sus rulos despeinados cayéndole en la cara. La recuerdo de niña montándose en el autobús del colegio con su sandwich del desayuno a medio terminar, ofreciéndoselo a quien quisiera darle un mordisco (al sandwich, no a ella). La recuerdo vestida de rojo (no rojo rojito) representando a la “E” en un acto bailable de las vocales en el colegio. La recuerdo bailando y cantando, nuestro pasatiempo favorito de niñas, costumbre que aún compartimos y disfrutamos. La recuerdo celebrando que se había graduado de bachiller. La recuerdo hinchada de llorar cada vez que se pega a ver una película de amor y dolor en la televisión.

Recuerdo también el día cuando estábamos en Margarita y ella estaba recogiendo puras conchitas de mar para hacerle un collar a mi hermana mayor. Yo muerta de celos le tiré las conchas en la arena con el cuento de que ya nos íbamos y ella no salía rápido de la playa. La recuerdo haciendo arroz con pepitonas por varios años cada 14 de Enero, jugando dominó, atendiendo a la gente en su casa. Ella es una anfitriona por excelencia, por eso su casa se ha convertido en la casa del pueblo. Todos quieren ir y van.

La recuerdo recientemente en mi último viaje a Venezuela, quedándose conmigo en la clínica, cuidándome, acompañándome al Doctor y alojándome en su casa. Quizás el recuerdo más importante que tengo con ella es cuando dí a luz. Me paré tempranito al baño sabiendo que ella se estaría parando en su casa para ir a trabajar, y de repente de regreso a la cama rompí fuente como si fuera una catarata. Lo primero que hice fue llamarla para hacérselo saber. Ella no trabajó ese día. Estuvo conmigo en todo el proceso de parto y al final, cuando el padre de mi hijo arrugó para entrar al parto, ella estuvo ahí, al pie del cañón conmigo. En la cama del quirófano habían unas asas de metal para las parturientas agarrarse. El Doctor me decía que podía agarrarlas si lo quería, pero yo ni tonta que fuera iba a elegir un asa fría de acero inoxidable, porque gracias a Dios ahí estaba para mí, fuerte y cálida, la mano de mi hermanita.

October 31, 2010

Momentos como el de ayer




Ayer fui al Concierto de Saul Vera Ensamble. Como siempre que hago algo que me emociona, desde que compré las entradas, las maripositas empezaron a volar en mi barriga… porque amo la música y ahora que no vivo en mi tierra, cómo no va a emocionarme saber que voy a ser parte de un momento como el de ayer? Confieso que me armé con una botella de vino en el carro, por si acaso salía una movida después del concierto… qué horror! Pero es que yo me conozco; sé la energía que se me desata en un concierto y más si tengo amigos entre los músicos jajaja. Cuando se lo comenté a mi marido, lo de la botella, me miró con cara de varón domado pero feliz, como pensando “quien me mandó a casarme con una rumbera? Bueno no importa, ella se la merece, esta rumba y las que salgan,” eso creo yo jejeje. El dato del concierto me lo pasó Chú, (amigo con quien me he reencontrado gracias a FB) cuando nos escribió a un grupo de Facebookeros que vendría a Miami a tocar como invitado al concierto. La otra invitada era Luz Marina, cantante venezolana a quien yo había escuchado en vivo hace poco más de 20 años creo que en el Juan Sebastián Bar o en un night club (lugar) del Rosal (de la Mancha) de cuyo nombre no quiero acordarme, diría Cervantes.

Saul Vera Ensamble lo conforman músicos, todos, de altísima calidad. Juan Manuel Ardila (flauta), Andrés Candamil (clarinete), José Gregorio Hernández (percusión), Hernán Matute, (contrabajo), Jorge Quintero (cuatro) y Saúl Vera (bandola llanera, mandola y mandolina electro acústica), quien además y por supuesto es el director. Después de escribir los últimos tres instrumentos, me quedé pensando en cuál es la real diferencia entre ellos, así que esto fue lo que encontré:

La bandola es un instrumento musical de cuerda, hecha en madera, descendiente de los instrumentos árabes de la península ibérica que llegaron a las Américas. Hay varios tipos de bandola: la bandola llanera (4 cuerdas)… Mayor información en http://es.wikipedia.org/wiki/Bandola

La mandola es un inquieto instrumento musical de cuerda. Es al mandolín lo que la viola es al violín. Sólo lo encontré en inglés: http://en.wikipedia.org/wiki/Mandola

La mandolina es un instrumento musical de 4 cuerdas dobles formando parte dentro de la música de la familia de los cordófonos. El número y tipo de cuerdas de la mandolina ha sido variable según el tiempo y el lugar, pero la configuración predominante hoy en día es la de la mandolina napolitana, con cuatro cuerdas dobles afinadas como el violín (sol-re-la-mi).
Para saber más: http://es.wikipedia.org/wiki/Mandolina

Ahora bien, a lo que voy. En todo buen concierto, siempre hay un momento cumbre y si es muy bueno, entonces son varios esos momentos. Ayer tuve la oportunidad de vivir el primero cuando interpretaron Tonada de luna de llena, de Simón Díaz. Yo no sé si influyeron un poco en mí las palabras que dijeron antes de ese tema, lo cierto es que me encontré con el corazón latiéndome en la garganta, luego ese latir se transformó en un dolor físico que se movió sin equívoco a mi esternón, causándome un dolor en errr pecho que me inundó de calor y sentimiento y literalmente me hizo sudar y llorar. Yo estaba allí, una vez más escuchando una música que reclamaba la sangre en mis venas, que me llamaba de adentro, como si se hubiera metido en mí y desde mí, saliera para ser escuchada.

Luego vino Luz Marina cantando Sabana, también de Simón Díaz, bella interpretación. Me sorprendió ver que a pesar de estos 20 años que no la veía, está igualita, sólo con unos kilitos de más que lo que le dan es lozanía. Su segunda y última canción como invitada fue una llamada Caracas Bossa, de ella misma, regalándome un segundo gran momento que también me robó lágrimas por su hermosa letra, por saber que pertenecemos al mismo bando, a los despatriados que estemos donde estemos, llevamos a Venezuela muy dentro.

Mi tercer momento cumbre fue cuando mis amigos guaros Jesús Florido (violín) y Américo Baptista (guitarra), interpretaron el tema Mi Negra, de Chú. Uno se maravilla cómo un violín suena tan bien en ritmo de salsa y toda aquella mezcla de ritmos latinos y jazz que hacen de la música una fiesta. Yo bailando en mi asiento, con unas ganas de pararme a bailar que ni cuento. Ahí estaba yo, feliz con mis guaros en acción. Ese fue el momento cuando le pasé a Sonia (pensando que ella estaba allí), la esposa de Américo, un mensaje de texto que decía “Cuéntame qué vamos a hacer después del concierto.” Creo que se quedó loca cuando lo recibió porque ni respuesta recibí, así que opté por mandarle otro a Chú: “Una preguntica, epa y ahora pa onde vamos?” pero no, la primera no estaba en el concierto y el segundo estaba cansado. Creo que lo que aquí sucede es que ya no tenemos 20, o ellos no tienen 20 porque yo sí jajajajaja pero me tuve que ir para mi casa con mi marido quien no toma ni parrandea, así que la botella se quedó para otro momento, qué le vamos a hacer!

Con mi mejor intención, tengo dos sugerencias y un comentario qué hacer:
1. Sería conveniente que las personas que llegan tarde al concierto pasen a la sala en los intermedios entre tema y tema por respeto a los que sí llegaron temprano.
2. Hubiera disfrutado mucho más del cuatrista si hubiera colocado el atril a un lado, como hizo Saúl Vera, para uno poder apreciar también con la vista cómo toca el instrumento.

Mi comentario es que estoy de acuerdo en que aunque el público era 99% latino, es razonable que hablen en inglés y en español –como en efecto lo hicieron- porque estamos en un país de habla inglesa. Sobretodo si estamos hablando de conciertos, en los que cualquier norteamericano o turista puede ir, porque el lenguaje de la música es universal, cualquiera puede ir a un concierto en otro idioma, y qué importante es que al menos nos hablen en un idioma que entendamos acerca de lo que allí ocurre, de la historia de las canciones/temas o cualquier anécdota que enriquece el concierto como tal. Muy bien pensado! Aplaudo la labor de Ruby Romero con la Fundación Aldemaro Romero. Aplaudo a mi gente de Venezuela que hace cosas que hablan bien de nosotros... y gracias, por momentos como el de ayer.

September 27, 2009

Promesa no cumplida


Había un Tropi Burguer en la esquina de mi casa, por lo que era paso obligado para mí casi todos los días. Uno de esos días, me encontré a un niño de unos 8 años pidiendo dinero a sus puertas. Me negué a hacerlo proponiéndole otra oferta: comprarle una hamburguesa. El me dijo que no quería porque acababa de desayunar así que le prometí venir a la 1:00 p.m. cuando él tuviera hambre para comprársela de almuerzo. Él creyó en mí. Su corta y dura vida lo había entrenado a saber cuándo alguien decía la verdad.

Me fui a mi casa a hacer cuarenta mil cosas y a las 6:00 p.m., nada más y nada menos, me dió un vuelco el corazón cuando me acuerdo del niño que debió haberme esperado a la 1:00 p.m. Cómo ni siquiera me acordé de él cuando yo estaba comiendo? Aún cuando habían pasado 5 horas, salí corriendo a ver si lo encontraba. Por supuesto, no había rastro de él. Cómo es posible que se me olvidara? Qué pensó él mientras me esperaba? Alguna vez volvió a creer en alguien como yo? Consiguió otra persona que le brindara el almuerzo? Lo busqué afuera, lo busqué adentro. Lo busqué otros días a ver si frecuentaba el lugar. Nunca más lo vi. Su carita quedó por mucho tiempo en mi memoria y mi olvido pesándome en el alma. Hoy, unos 20 años después su carita se ha desdibujado en mí, y mi olvido aunque pesa menos, sigue allí, presente.

September 26, 2009

Primera y última


Hace unos meses asistí a una conferencia que daba Junot Díaz en el auditorium de la biblioteca de mi Universidad. Mi profesora de English Composition I, nos sugirió que fuéramos ya que nos había asignado leer un libro del mencionado escritor: “Drown.” Fui porque me encantan ese tipo de actividades y porque celebro que las personas triunfen no sólo en sus países sino también fuera, como es el caso.

Llego llena de expectativas al lugar, y logro encontrar una silla vacía en la última fila. Después de un tiempo prudencial, el autor termina su intervención para darle cabida a la firma de autógrafos. 

La profesora, contenta de que yo haya ido, me pregunta si traje mi libro para que el autor me lo autografíe. Le digo que no - cosa que es cierta - y ahora con ese propósito se me ocurre la nefasta idea (no porque sea malo, aún no lo he leído) de comprar su otro libro, el premiado, en las afueras del auditorio. Soy una de las últimas en la cola de autógrafos y como es la primera vez que pido uno, no sé exactamente qué es lo que voy a decir. Comienzo a preguntarme: le hablo en inglés? O en español? Le hablo sobre algo que me haya gustado en el libro? Sí, eso debo hacer. A medida que avanza la cola me doy cuenta que me siento ridícula pidiendo un autógrafo; mi arrepentimiento llegó demasiado tarde. Despide a la persona que me antecede y decido por comodidad hablarle en español:

- “Hola. Leí tu otro libro, Drown, pero como no lo traje compré este para ver qué tal es y aprovechar de pedirte el autógrafo” (sintiéndome la más imbécil de las imbéciles).
- “Ok. Para quien es el libro?” me pregunta.
- “Para mí.” Es cuando caigo que está preguntando mi nombre para escribirlo. Entonces acierto esta vez diciendo cómo me llamo.
Sin tener nada más interesante qué decirme, me comenta:
- “Me gusta tu collar,” y para mí ahí se acaba la magia del resto de la conversación.

En el mismo momento en que le pido el autógrafo mi mente y mi cuerpo están en una lucha contradictoria que al final para mi desgracia, gana mi cuerpo porque realmente dentro de mí no quiero hacerlo. No le hablo del libro ni de lo que me gustó. Fue una mala forma de aprender que no quiero volverlo a hacer. Ni con él ni con nadie. Más tarde, mientras manejo hacia mi casa reflexiono sobre porqué pedimos autógrafos. A quién se le ocurrió esa costumbre sin sentido? Qué puede escribir para mí en una dedicatoria alguien que ni siquiera me conoce? Quizás en principio deberíamos los lectores escribirle a los escritores, y sólo si provocamos en ellos alguna respuesta, entonces sí vale la pena que nos escriban ellos de vuelta. Primera y última.

August 22, 2009

Culpa Latente


Sonia era una niña de 6 años físicamente distinta al resto de nosotros, porque aún cuando en el colegio había una gran mescolanza étnica, lo que realmente la diferenciaba del resto era su piel, blanca, muy blanca, con cierta coloración rojiza. Parecía hasta cierto punto albina. Su piel no era la piel tersa de niño que todos - por suerte - teníamos; tenía una condición de sequedad extrema, tan seca que estaba cubierta con una fina capa que se pelaba constantemente, no grata al tacto. Imagino que esta condición en su piel es lo que la hacía también comportarse diferente, porque el rechazo de los demás la había convertido en una niña retraída, de poco hablar y poco reír. Ese día, Sonia jugaba con nosotros durante el recreo, pero era torpe con la pelota y comenzó a agotar la paciencia del grupo… Se cayó y Alejandro aprovechó para recriminarle lo mal que lo hacía. Todos nos acercamos para unirnos a Alejandro, y apoyados los unos por los otros, descargamos en Sonia nuestras palabras feas y hasta uno que otro golpe o coscorrón. Ella lloraba en el piso, incapaz de revelarse a tanta injusticia. La dejamos allí, sola, humillada y golpeada.

Porqué yo formé parte de eso? Porqué me uní a los que hacían daño en vez de protegerla y hasta salvarla de ellos? Porqué fui tan débil? Y Sonia, qué quedó en su mente después de ser maltratada de esa forma? En qué se convirtió ya adulta, cansada de ser maltratada por los demás? En alguien encerrado cada día más en su coraza? Esa que tuvo que crear para subsistir…

La injusticia hacia Sonia se ha repetido en mi memoria infinitas veces. Es algo de lo que siempre he estado arrepentida. He recreado la situación en mi mente y al momento en que nos acercamos a ella yo la tomo de la mano para que pueda levantarse y les hago saber a todos que ella tiene derecho a equivocarse, que nadie puede decirle cosas feas y mucho menos pegarle. Entonces la alivio de esa maldad infantil y cruel. Ella me mira con infinito agradecimiento… pero sé que no es cierto, que no fui capaz. No la protegí, y aunque ya no puedo hacer nada para remediarlo puedo al menos proteger a otros. Nunca es tarde para rectificar mi conducta débil y cómoda. Es ahí cuando podemos encontrar nuestras fallas para mejorarlas. El hecho de haber obrado mal no significa que no pueda obrar bien. Y eso es tan cierto como que hoy estoy escribiendo esta reflexión más que para mí misma, para ti, el que lee.

Hace poco, leí un artículo interesantísimo que me hizo llegar mi amiga Isabel llamado “El Efecto Lucifer” de Phillip Zimbardo, el cual plantea el heroísmo en personas normales que se involucran en acciones extraordinarias para con los demás. El autor se basa en que la misma situación que puede detonar la hostilidad puede inspirar el heroísmo por primera vez en cualquiera de nosotros. Más importante aún, “cómo promocionar en nuestros niños esa imaginación heróica, conseguir que acepten el papel de héroe a la espera para una situación que llegará en algún momento de sus vidas…” Porque aún cuando hacer de héroes hasta cierto punto nos pone en situación de peligro, siempre vale la pena. Vale la pena rebelarnos ante la injusticia, vale la pena defender lo que creemos, vale la pena expresarnos… y no quedarnos indiferentes ante lo que sabemos es incorrecto. Bien cierto ese pensamiento de Martí que dice” ver con calma un crimen es cometerlo.”

Creo que tiene muchísimo sentido el planteamiento de crear esa inquietud de héroes en los niños. Quizás de esta forma podemos devolverles la sonrisa a niñas como Sonia y por otra parte, si nuestros niños obran bien por los demás se afianzará en ellos la importancia de hacer el bien, para que lo repitan cada vez que esté a su alcance. Hagámosnos multiplicadores de esta información. Sembremos la inquietud en nuestros hijos.

May 11, 2009

Una oferta difícil de rechazar


Conocí a mi abuelo Pedro cuando sus ojos azules ya estaban velados. No podía ver sus pupilas ni la transparencia de su iris y aún así yo podía ver su alma; me encantaba hablar con él; era sólido y de mente lúcida, tan lúcida como la mía a los 12. Quién fue antes de eso? Nació el siglo antepasado, el 19 de abril de 1889. Qué hizo de niño? de joven? de adulto? Ya no recuerdo muchas de las conversaciones que tuve con él. Recuerdo su voz, su imagen infinitamente clara en mi memoria, sus abrazos fuertes… Cuando veo cosas de peltre inmediatamente pienso en él, con su taza de café. Me enseñó a comer pan dulce mojado en café con leche y esa enseñanza sigue vigente en mí. Después de eso, comerlo aparte del café me resulta como comer torta sin azúcar. Aunque se vea feo, no hay cosa más rica que un pan dulce empapado para meterlo en nuestra boca. Él a sus 90 era todavía fuerte. Quizás fue un hombre de campo y trabajaba la tierra… algún ejercicio debió hacer de joven para conservarse tan robusto de viejo. Lo veo escuchando sus radionovelas o escuchándome leerle acerca de los caballos para jugar el 5 y 6. Tenía una maña de viejo que me causaba gracia; pasaba sus manos sobre sus brazos (como quien alisa un mantel queriendo sacar cualquier burusa) para quitar el polvo que creía tenía encima, como si viviéramos en un tierrero y cualquier movimiento levantara una y otra vez el polvo de la tierra seca y pulverizada.

La ceguera había sido producida por cataratas, pérdida de la visión como consecuencia de la opacidad del cristalino; eran los tiempos en que apenas estaban comenzando a practicarse las operaciones para eliminar la enfermedad extrayendo el cristalino opacificado y reemplazándolo por un lente intraocular transparente de material plástico especial; así, la imagen lechoza pasa a ser una totalmente nítida y contrastada.

El Dr. Romero, nieto de un gran amigo suyo era oftalmólogo. Era un joven curioso por los avances de la ciencia, de espíritu vencedor y por lo tanto, lleno de energía mental y física. Se atrevió a solicitarle a mi abuelo si quería participar en la locura – para muchos – de someterse a una operación y de ser el primer paciente. Sabía que podía hacerlo y para ello había practicado una y otra vez primero en su mente y luego con toda clase de ojos (de animales y cadáveres humanos) para estar listo en el momento verdadero, cuando tuviera que hacerlo con un paciente.

Don Pedro prefirió pedirle un tiempo para pensarlo. Sabido era por todos que Don Pedro era muy mayor para esa clase de inventos, aún cuando gozaba de una salud inquebrantable, pero la oferta de volver a ver se llevaba por delante cualquier reserva, cualquier factor de riesgo. La posibilidad de ver otra vez lo ilusionó como niño esperando el regalo del Niño Jesús. Se quedó dormido tarde a las 12:00 de la media noche, cuando normalmente 3 horas antes ya se había entregado al sueño. Tuvo un sueño colorido en extremo, de total fantasía, en el que los sentidos se confundían y enriquecían las imágenes. Podía oler los colores y ver los olores. Se despertó puntual como un reloj de buena marca, a las 4:00 de la madrugada. Tenía 75 años parándose a la misma hora. Cómo decirle al cuerpo que cambie sus costumbres después de toda una vida?

En la realidad, habían pasado 18 años desde aquel día en que se había despertado y comprendido de una vez por todas que aunque se pusiera los lentes culo de botella, nada iba a mejorar esa oscuridad, ese túnel sin salida que lo hizo descubrir que aún a los 72 años podía afinar sus sentidos. Cuánto se aguzaron sus oídos! Podía escuchar cuando las paticas de Federico, el canario, se posaban después del vuelo en el palito de madera… Sus dedos con uñas acanaladas reconocían una y mil texturas, formas…

La oferta del Dr. Romero daba vueltas y vueltas en su cabeza y se sorprendió a sí mismo cuando se oyó decirle al teléfono: – "Estoy dispuesto, para cuándo es la operación?" En menos de una semana todo estaba listo. En la familia, unos de acuerdo y otros no, pero todos nerviosos por lo que podría pasar. Además, Don Pedro estaba en plenas facultades mentales como para saber lo qué hacer con su vida, así que respetaron su decisión y lo dejaron en manos de Dios. La operación fue breve y sin complicaciones; aunque podía ser ambulatoria, el médico prefirió internar al paciente por una noche debido a su edad avanzada. Como ocurre en estos casos, le vendaron los ojos.

A la mañana siguiente llegó el doctor a las 7:30 a.m. tan nervioso interiormente como el paciente, pero este hombre joven tenía todas las facultades para desempeñarse en su rol de médico; entre ellas, temple para disimular los nervios; si más bien lo que transmitía era una gran seguridad sin llegar a ser ofensiva; más bien una paz interna que proyectaba a su andar. Se dispuso a quitarle la venda con pericia y suavidad y descubrió unos ojos azules ahora cristalinos. Don Pedro no lo podía creer. Lágrimas y lágrimas salían de sus ojos por tanta felicidad. La familia entera llorando, todos se abrazaban como celebrando la llegada de un nuevo bebé.

Fueron días de casi no dormir, de ver las caras de los hijos, nietos y bisnietos y reconocerlos en sus voces; de disfrutar el amanecer, el atardecer, las luces y las sombras, de ver el verde verde de los árboles, el azul infinito del cielo, las flores… De ver la comida apetitosa antes de llevarla a su boca, las carreras de caballos… y maravillarse con la televisión a color. Fueron sólo 18 días de absoluta felicidad, como si cada día contara por cada año no visto. Nadie sabe cómo el día 19 amaneció Don Pedro sin vida con los ojos abiertos, queriendo registrar los últimos momentos del amanecer en silencio, en absoluta comunión con su entorno, y agradecido con Dios por haberle regalado - antes de irse - esos bellísimos 18 días de su vida. Dieciocho días de colores y luz que lo llevaron a la paz eterna.

April 18, 2009

Culpable o no



Nos encontramos mi pareja y yo en un retiro matrimonial, tratando de componer de alguna forma nuestra relación. El lugar es hermoso, generoso en naturaleza y espíritu. Muchas cosas me gustan del retiro aunque hay temas importantes que no se tratan y uno de esos es el de la infidelidad, punto álgido en cuanto al perdón, pero bueno! Nada es perfecto y a pesar de todo, creo que los organizadores han puesto mucho de su parte para llegarnos al alma. Son tres matrimonios y un cura los moderadores; este último de extraña conducta, la cual relato a continuación.

Llega el momento de la confesión (individual por supuesto) con el padre. Yo nunca me confieso con un padre porque hasta cierta medida tengo una religión católica muy propia y uno de mis desacuerdos con ella es el porqué no puedo confesarme directamente con Dios? Ése día, para no ser la piedra de tranca en la fluida organización del retiro, accedo con mi mejor intención a confesarme con el padrecito, a quien le llevo quizás cinco años. Su humilde apariencia y actitud de principiante me hacen verlo más niño aún.

Inicio honestamente – típico en mí - la confesión, con algo como:

- Padre, yo tengo años que no me confieso. De hecho, creo que esta es mi tercera vez y no creo haber cometido algún pecado. Usted dirá.
- Bueno, vamos a hacerlo entonces de esta forma: yo te pregunto y tú me contestas. Así no nos perderemos ningún detalle, te parece?
- Ok, pregúnteme pues.

Cada pregunta es más estúpida que la otra. Para rematar, cuando tienen que ver con sexo, él tiene una elaborada y confusa forma de hacerlas, teniendo que repreguntarle yo para que me dé pista de lo que me quiere preguntar. Nada como esta pregunta:

- Cuando ves imágenes de parejas en la televisión, te agrada?
Y me quedo yo como si me hubieran preguntado: la limonada te gusta con azúcar o con sal?
- A qué se refiere, padre?
- Bueno, si ves a gente que está un poco descubierta, en ropa interior, quiero decir, o besándose... Eso te agrada?

(Coño, qué sera lo que me quiere decir?) – Bueno, si los veo en ropa interior no siento nada. Creo que para mí el desnudo es bien normal. Si los veo besándose y se besan bien, sí, me agrada, pero eso no sólo me agrada en la tele. Me agrada cuando veo a una pareja besándose profundamente en la calle. Me agrada cuando siento que la gente se quiere.

Un poco insegura, le repregunto: - Respondí lo que me quiere preguntar?

El padre respira profundo, como quien contiene un deseo.
- Si, si, si. Bueno, y qué haces cuando ves esas cosas?
- Nada, las veo.
- Te provoca hacer algo?
- Qué? Padre, acuérdese que yo estoy casada. (El verano lo tiene usted).
- Sí, claro, pero… como tienes tiempo que no te confiesas. Alguna vez has hecho algo mientras ves esas cosas en la televisión?

(Será que tengo cara de niña de 8 años? Coño! Tan joven no me veo)
- Quiere decir, si me he masturbado alguna vez viendo películas o algo así?

(Ya el padre lo tenía duro)
- Sí, a eso me refiero.
- Claro padre! Me he masturbado viendo películas y no viendo también, pero esa es la cosa más natural del mundo. Eso no es un pecado. (No me diga que usted no se masturba. Qué lástima!)

Cuando ve mi cara de “pobrecito usted” me manda no se cuántas Ave María y otros Padre Nuestro y me saca – prácticamente como corcho ‘e limonada (con azúcar, por supuesto) – de aquel lugar. Al principio no entendí. En mi mente no podía creer que alguien no se masturbara, menos aún un padre, quien tiene prohibido hacer el amor con nadie.

Se lo comento compungida a mi pareja, que el padre no se masturba, pobrecito!

- Claro que se masturba! De dónde sacaste eso?
- Bueno, no sé. Yo creo que no. Ojalá que si. Y si se masturba, qué siente después? Se siente culpable?
- Pero cómo llegaron a esa conversación?
- Bueno, él empezó. Yo quise decirle lo rico que es masturbarse, pero ni de vaina. Si lo hubiera hecho, él hubiera creído que yo era el diablo personificado.
- Yo creo. Nada más a tí te pasan esas cosas. A mí no me dijo nada de eso.

Al día siguiente, el retiro termina con una misa hermosa en la que todos nos sentimos reconfortados y de alguna manera fortalecidos. Como es de esperarse, llenos de ese compartir comenzamos a despedirnos todos con abrazos sinceros, unidos por la experiencia, pero cuando voy a abrazar al padre, me agarra de la muñeca y me dice. -“Quiero que tu esposo esté presente.” (Dios mío, y ahora qué hice?) Nos ponemos a buscar a mi esposo en la multitud y mientras lo conseguimos, el padre abraza a otras mujeres sin problema, pero – para mi tranquilidad - le dice lo mismo que a mí a otra, y luego a otra. Total que somos tres las que tenemos que ser abrazadas con nuestros esposos como testigos de por medio. Nadie discute. La mayoría está llena de amor y aunque nos salpica, allí hay un corto circuito por la conducta del padre.

La cuestión se quedó de ese tamaño. Sin mayor explicación quedamos en encontrarnos pronto otra vez y entre nosotras, las tres mujeres, hubo una especie de extraña complicidad nunca aclarada.

En cuanto al padre, terminé creyendo que se masturbó pensando en nosotras y en nuestros supuestos pecados. Quizás lo hizo inmediatamente después de despacharnos, apurado, a escondidas y sintiéndose culpable. Quizás le provocamos tres orgasmos inolvidables. Jajajajaj. Me impresiona lo retorcidas que pueden volverse las mentes con prohibiciones; la religión los obliga a mentir, y mintiendo pecan, osea que los padres pueden ser los primeros pecadores. Por eso no creo en el fanatismo; en creer ciegamente sin cuestionar. La religión está hecha por los hombres, no por los dioses. Así que desde hace mucho decidí que la que escribe, la supuesta pecadora, es libre de prejuicios que no tienen ni pies ni cabeza. Yo, aún con los pecados que he cometido y los cuestionamientos que tengo acerca de mi religión, me siento libre, sana y muchas veces inocente, como puede verse.

April 3, 2009

Un Angel en Parque Central


Acostumbraba a viajar en avión con frecuencia cuando éramos ricos pero no lo sabíamos. Esa época en que todavía la clase media podía disfrutar de viajar en avión cuantas veces lo necesitara (o al menos casi todas). Para estudiar en la Universidad me había mudado a la capital; sin embargo, mi familia y amigos de siempre me atraían inequívocamente a mi pueblo querido.

El vuelo de regreso de aquel día, como cosa común, se retrasó unas horas. Al llegar a mi destino descubrí una noche negrísima, libre de luna. Agarré una buseta del aeropuerto que me dejaría en Parque Central a eso de las 9:30 p.m. En esa última parada siempre habían taxis esperando pasajeros, pero esa noche quizás la negrura que nos cubría había hecho que todo peatón inteligente abordara un taxi lo más pronto posible. Armada de valor y acostumbrada a esas lides, me encomendé a Dios al momento de hacerle señas a un taxi que iba pasando para que me recogiera. Inmediatamente, llama mi atención un carro estacionado a pocos metros de mí, oscuro como la noche, lujoso, de modelo tradicional pero del año, que por mi ignorancia automovilística no logro determinar la marca. Dentro de él me hacían señas para que me acercara y como obedeciendo a una hipnosis me acerqué al mismo. El carro tenía acientos de cuero y era mucho más espacioso por dentro de lo que se veía por fuera. En él se encontraban cómodamente cuatro personas: un chofer y sus ocupantes. La única mujer, de unos 60 años, me habla con angustia reprimida, diluida en una calma y bondad que adiviné en el tono de su voz. “Hija, qué estás haciendo a estas horas de la noche sola?” Le expliqué, “vengo del aeropuerto.” “Móntate con nosotros, que te llevamos a tu casa.” “Gracias, pero ya paré un taxi.” “No mi amor, te puede pasar algo. Móntate, que apenas te ví sentí que debía recogerte.” Sin otra explicación, acepté y le hice señas al taxista que me esperaba para que se fuera. Los demás hablaban poco, pero el ambiente era grato. Era ella quien llevaba la batuta, la dueña y señora.

Las calles estaban casi desiertas. Al parecer, la noche asustaba a muchos y habían optado por retirarse a sus casas. En el viaje hablamos más de mi vida que otra cosa. Ella tenía una hija como de mi edad que vivía en el exterior. Me sentía con una tía, actualizándola de mi vida, y así, más rápido de lo que esperaba me dejaron en mi casa. Le agradecí el gesto. Ella me estampó un beso en el cachete y me echó la bendición. Ella había sido un ángel de la guarda, quien movida por un sentimiento maternal, se había arriesgado a tenderme la mano; sin importar dónde yo viviera me hubiera llevado hasta el fin del mundo sana y salva.

Las dos nos arriesgamos en cierta medida y seguimos nuestros instintos sin entenderlo. Quizás pudo ocurrirme algo malo si no abordaba su carro. Nunca lo sabré. Lo que sí sé con certeza es cómo nos volvemos padres de todos los niños cuando tenemos el nuestro. De alguna manera, ella estaba haciendo lo que le hubiera gustado que hicieran con su hija. Hoy, muchísimos años después todavía recuerdo lo que sentí al bajarme del carro. Con mi maleta a cuestas mientras caminaba a la puerta de mi edificio, me sentí como si tuviera 6 años y mi papá me estuviera llevando cargada a mi cama.

March 15, 2009

Antes de empezar el ciclo


Tengo una semana sin saber donde está mi anillo de matrimonio, demasiado tiempo. He recorrido una y mil veces la casa buscándolo y sin buscarlo y no doy con él. Dónde podría estar? Y a medida que el tiempo pasa empiezo a perder la esperanza de encontrarlo. Me da miedo que haya sido tirado a la basura, traspapelado. Mi esposo me tiene paciencia y opta por esperar a que aparezca. Si lo encuentro, tengo en serio que empezar a poner más cuidado en dónde lo dejo porque no puedo estar en esto toda mi vida.

La licencia también la perdí y no tengo idea de cómo. Lamentablemente lo descubrí (por supuesto) cuando la necesité. Me chocaron; llamé al 911 y cuando la estaba buscando para tener todo listo cuando llegara la policía ví que no podía encontrarla en ningún lugar de mi monedero, ni en mi cartera, ni en mi carro. La multa sólo por no cargarla conmigo fue de $100 y resulta que la policía concluyó que el choque había sido mi culpa porque yo estaba retrocediendo y me había atravesado en la vía. Pregunto: quién retrocediendo no se atraviesa en la vía? Quiero decir. Para salir de nuestro puesto de estacionamiento tenemos que atravesarnos en la vía para después tomarla. Absurdo! Y resulta que me chocaron a mí porque yo hasta frené cuando ví el otro carro que se acercaba, pero la conductora no me vio. Estaba distraída hablando por teléfono. Total: 2 multas. Insólito. La impotencia comenzó a cobrar su efecto cuando humedecía mi pulgar en la almohadilla para dejarlo estampado en los papeles de la policía así que me apuré para terminar todo rápido, meterme en mi carro y llorar a mis anchas. Me dí cuenta que ya no lloro casi, sólo con las películas, y es porque soy inmensamente feliz. Aparte de las películas, lloro una o dos veces al mes y eso es cuando me rondan los días anteriores a la menstruación, o en el primer día. A veces, mi forma de saber que “me vino” es cuando lloro por cosas increíblemente absurdas y pienso: “ya, me vino la regla.”

Hablando de regla, al día siguiente del mini-accidente, vuelvo a clases y me toca revisar el ensayo de un compañerito de clase. Qué cosa más triste y deprimente! Y yo, por estar en mis días, sentía que él pedía a gritos - entre líneas - una ayuda, tanto así que le pedí que habláramos al salir de clase porque pensé: porqué él se centra en escribir sobre lo que no tiene? Cómo podía ser tan tonto y envidiar la vida glamorosa de los demás? Porqué quería una cámara fotográfica sólo para irse de viaje y poder tener prueba de los lugares que quería visitar? Porqué quería tener amigos y/o contactos para que lo hagan escalar posiciones en la vida? Si de las cosas más bellas que tiene la amistad es el desinterés. El “quiero estar contigo porque contigo soy yo, tonto, cómico, profundo, lo que sea pero yo.” A medida que leía el ensayo más me daba cuenta de lo equivocado que estaba ese muchacho en la vida, y quise darle una luz. Quizás por alguna razón me tocó a mí leer su ensayo, quizás porque soy capaz de abordarlo y no dejarlo pasar. Quizás él necesitaba unas palabras como las mías, pero no mi llanto. Si, volví a llorar. En mi momento de mayor inspiración inglesa, cuando le hablaba de todo lo que tenemos que no puede ser comprado con dinero, de la cobija que tiene para arroparse, de ser hijo de su madre, de tener manos y pies… llegué a emocionarme de tal forma que no pude controlarlo. Quizás lo confundí aún más con mi llanto, no sé, pero me dijo que iba a tratar de enfocarlo ahora desde otro punto de vista. Vamos a ver qué pasa, porque realmente lo más importante no es el ensayo sino la actitud con que él asuma su vida de ahora en adelante.

Espero haberme expresado de la mejor manera. No fue fácil. Por supuesto me sentí mejor después, porque pude expresarme. Al menos el inglés está funcionando. Ha habido tantas ocasiones en las que me he quedado callada por no tener suficientes palabras en este idioma, pero ahí voy. De todos modos, sé que mis palabras no funcionarán por arte de magia. Él necesita encontrarse y saber quién es. Internalizarlo, y eso sólo lo encontramos cada quien a su ritmo en la vida. Lo mío fue tan sólo un empujoncito o una sacudida, no lo sé la verdad. Al menos no me quedé con la boca sellada, al menos hice lo que pensé debía hacer. Con eso me quedo.

Nota del autor:
Hace siglos vi una película en la que la muchacha protagonista le escribía a su mamá sus reflexiones acerca del ciclo femenino y fue tan hermoso… pero más nunca he visto esa película, ni sé cómo se llamaba. Trataba de unos muchachos que después de un accidente de avión (no, no es Los Sobrevivientes de Los Andes) naufragan en una isla. Son muy jóvenes los dos, entre 12 y 15 años. El tiene un ligero retraso mental que lo hace adorable porque es inocente… y viven allí un tiempo, no sé cuanto, y por supuesto nace el amor, y con él el deseo y todo eso que nos ata al sexo opuesto (digo, en mi caso). Cuento todo esto por si acaso alguien que lea este escrito la ha visto y se sabe su nombre, a ver si me pasa dato porque me encantaría verla otra vez. Quizás hasta podría copiar aquí la reflexión menstrual.

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January 10, 2009

En Persona



Estaba un tanto desanimada porque no había podido tomar más de 7 créditos este term y sentía que desperdiciaba mi tiempo y mis ganas de estudiar. Resulta que a esta edad estoy estudiando una carrera totalmente distinta a la que estudié hace 20 años y eso le ha dado una renovación total a mi mente y a mi espíritu. Héme aquí intentándolo de nuevo, demostrándome a mí y a todos que nunca es tarde.

El primer día de clases, después de cumplir con mi horario, me aventuré al Central Campus a ver si podía inscribir otra materia - ya que por internet había sido imposible - contactando a la profesora que una amiga me había recomendado. Llegué a esa sede y ví que los choferes se han vuelto expertos en cazar el menor hueco para estacionarse. Me dispuse a cazar uno para mí y una vez hecho, me dirigí caminando al edificio principal y lo encontré hermético en cuanto a espacio se refiere, bien distinto al que yo estaba acostumbrada, en el que uno se siente casi al aire libre. Salí de ese gran edificio por la parte de atrás y comencé a seguir por instinto a un muchacho que salía de la cafetería e iba comiéndose algo mientras caminaba. Atravesó un camino de tierra con la familiaridad de quien conoce el lugar y luego se metió hacia un edificio sin decirme adiós. Entonces me dejé llevar por la mano invisible, silenciosa y definitivamente baquiana que me guiaba; pasé la biblioteca y otros edificios hasta que me encuentro con la parte de atrás de un edificio lleno de gente con uniforme de enfermería, así que entré, pregunté por quien buscaba y mi interlocutora me respondió: “es ella,” señalando a la persona de al lado. Le expliqué mi caso y me dijo que me apersonara el jueves a las 4:00 p.m. a ver - si no aparecía alguien - si tenía chance de inscribirme para la clase. Ese primer sí y mi caminata expedita anunciándome que las condiciones estaban dadas, sirvieron para ilusionarme con la posibilidad de poder tomar la clase.

Hoy, interesada en una segunda aprobación, me fui una hora antes, no fuera a ser que tuviera algún percance en el camino y aunque llegué 15 minutos antes de la hora al aula, ya había una docena de personas. Cuando entró la profesora, el salón estaba atestado de gente; éramos unas 80 personas. A las dos horas, momento del brake, le recuerdo a la profesora mi situación a lo que me respondió con su cara de buena persona que no veía problema en que me inscribiera y procedió a llenar una tarjeta de inscripción para mí. Yo en el acto fui derechito a inscribirme, con mi sonrisa de oreja a oreja, pero fue cuando me lavé las manos como todo aquel que trabaja en pro de la salud, que se asomó una sonrisa distinta en mi boca, esa sonrisa que conozco aún antes de que se manifieste, porque sale de mi alma; se muestra cuando me siento bien con lo que hago, porque de alguna forma marca mi camino a seguir de hoy en adelante. Hoy fue la primera vez que me sentí enfermera, y para allá voy si Dios lo permite.

December 16, 2008

Prohibidas las provocaciones


He engordado. En este país, quién no engorda? Pero eso no es excusa. Como sabe todo aquel que me conoce, me encanta la comida. Y es que creo que soy un ser sensible a los estímulos, estoy viva. Soy de esa gente que fácilmente se le hace agua la boca con el olor de unas caraotas refritas; con el aroma que impregna toda la casa cuando se hornean galletas; cuando a la brasa se asa la carne y se quema la grasa, sacándole el sabor, el jugo que se forma con la sangre y la grasa diluída, que responde al calor; o cuando se hace un sancocho como dios manda… Así que cuando veo en la tele programas de comida, qué crees que me pasa? y resulta que soy adicta a ellos, pero debo parar, porque en esta etapa de mi vida mi almuerzo es excesivo, ya no sé lo que es comer frugalmente. Y luego de eso, si puedo hacer mi ritual siesta, en el preludio del sueño mi hombre a mi lado en la cama ve un programa de comida, y empiezo yo a salivar, aún llena por el almuerzo, pero no me aguanto con todas las ricuras que se muestran en la pantalla. Mi cuerpo y mi mente reaccionan, se estimulan… Es un círculo vicioso, al punto que he decidido no seguir viendo tantos programas de ese tipo. No soy muy televisionera, pero sí adicta a ese canal: Food Network; antes veía Gourmet Channel y todas sus exquisiteses, total que el cambio de canal sigue creando el mismo efecto en mí: hambre, así que opto por la retirada. De no ser así, me convertiré en una norteamericana más con libras de sobra.

December 13, 2008

El mejor regalo


Estaba yo por cumplir 10 años y me encontraba en Caracas durante unas vacaciones en casa de Mina, una tía que más bien hizo el rol de abuela con nosotros. Ella vivía en un edificio humilde, de esos que tienen un estacionamiento en la parte de atrás, sin líneas que asignen los puestos de los carros, así que los carros son estacionados pegaditos los unos de los otros tratando de aprovechar el espacio de la mejor manera para que todos quepan. Ese edificio es viejo; hoy por hoy debe tener más de 50 años. Tiene tendederos de ropa en la ventana del lavadero y también otro en alguna ventana que daba a un pequeño patio interior del edificio. Los apartamentos son pequeños pero normalmente alojan a familias numerosas. La de Mina era de 7 personas, es decir, ella y Papy (mi casi abuelo) tenían cinco hijos, y para colmo llegábamos nosotros a quedarnos de vacaciones. Así, apretados como los carros, gozábamos un montón.

Parte del día la pasábamos abajo jugando con los demás niños y adolescentes del vecindario. Había un muro no tan alto que dividía el espacio entre ése y el edificio de al lado y que nosotros utilizábamos, a veces, como banco, para sentarnos a hablar hasta el cansancio - y otras veces - como malla de volibol. Se acercaba mi cumpleaños y para celebrarlo, invité a mis amigos a picar una torta en el apartamento. Todavía recuerdo cuando se lo dije a Mina. Me preguntó: - "Cuántos son?" Y le dije, para no darle el susto tan rápido: - “23……… al revés.” - “Diantre!” me contestó por la sorpresa, con una breve risa que se escapó de su boca al imaginar cómo iba a caber esa cantidad de muchachos en el apartamento. Pero ella tenía el don de la multiplicación; lo que alcanzaba para 12 alcanzaría para 32, inexplicablemente. Así que no se preocupó más por el asunto; imagino que esperaba a que no fueran todos.

Will, mi primo, me dijo que también había invitado a Wilfredito. Yo no quería. Wilfredito era un niño de mi edad que se la pasaba en el edificio, pero no era de allí. Ni siquiera vivía en el edificio de al lado. El trabajaba a esa edad limpiando carros, así que no era de mi status. Tuve que aceptarlo con la cara “amarrada”. Total, ese apartamento era más de Will que mío. Yo ligaba mis dedos para que a Wilfredito se le presentara un inconveniente y no pudiera ir, o para que su mamá no lo dejara (si es que tenía).

El 1ro. de agosto – como esperaba Mina – no fueron todos. Me llevaron algunos regalos, pero hubo uno que fue ciertamente especial, tan especial que todavía lo llevo en mi memoria. Se presentó Wilfredito limpiecito vestido de domingo, con un regalo para la cumpleañera. Yo lo abrí en el momento, como había hecho con los otros. Era una cajita de música que medía unos 20 centímetros de largo por 10 de ancho y otros 10 de profundidad, blanca por fuera, con dibujos de florecitas de colores delicados y en el centro de la tapa, el dibujo de una bailarina. La abrí, y su música invadió mi corazón. Además, la muñequita vivía ahí dentro y bailaba para mí cada vez que yo le daba cuerda a la caja. Tenía por supuesto, un espejo en la parte de abajo de la tapa y estaba forrada por dentro con una tela azul turquesa mullida. Era también un joyero, un regalo precioso que conservé por muchos años y que el tiempo y el uso se encargaron de despintar y envejecer. Esa cajita, debido a que vino de él, tuvo para mí un significado mayor. Más que el regalo, fueron sus ganas de regalarme, aunque él tuviera menos que yo. Ese gesto me demostró que no da quien tiene, sino quien quiere; porque él, con sus escasos recursos fue con su alma mucho más generoso que yo, que ni siquiera había querido invitarlo. Él, con el fruto de su trabajo había comprado esa cajita para mí; él, que definitivamente necesitaba ese dinero para algo más primordial que un regalo, me dio el mejor regalo de mis 10 años.

November 9, 2008

Primeras Sensaciones


Las primeras experiencias son tan especiales… Nos signan el camino a andar, y cuando no son tan positivas como para ser recordadas, siempre podemos encontrar la experiencia que queremos conservar como si hubiera sido la primera, porque es la digna de ser recordada como la que marcó el antes y el después.

Ayer Simón me contó por teléfono que comió carlotinas calentaditas al fuego, y aunque no me gustan las carlotinas imagino lo interesante que puede haber sido para él la experiencia de pinchar con un palito largo esa cosa esponjosa y colocarla cerca de la fogata, esperar un ratico para que apenas se prenda en fuego, soplarla y ver el resultado de haberla ahumado ligeramente y encontrar cuán divertido es comerlas. Un proceso interesante a la vista y a la boca; se mete a su boca esa bola que ahora por el calor esta aún más suave adentro, casi tibia, y descubre el contraste de lo amargo del humo con lo dulce de ella. Es definitivamente algo distinto. Él disfruta horrores comer, tiene a quien salir. Desde chiquito ha sido un tragón; desde el mismo momento en que le ofrecí mi pecho para alimentarlo, su alimentación fue tan fácil… Yo había leído durante el embarazo varios libros que me involucraban con su crecimiento y el momento de la llegada, paso a paso, haciéndome aquilatar cada semana y viviéndolas en toda su sabiduría, registrando cada detalle, así que para el momento de su nacimiento tenía en mi cabeza toda esa información queriendo ser aplicada con todo mi amor de madre. Gracias a Dios, parecía como si él – desde ese agradable mundo en que se incubó por 9 meses y a través de mi lectura - también había aprendido lo que ambos, por instinto, debíamos hacer.

Desde el momento en que supe que tenía a un ser dentro de mí, mi percepción de las cosas y del mundo entero cambió drásticamente. Mi entorno olía diferente, realmente todo era diferente. Por poner un ejemplo, el jugo de naranja sabía diferente: cuando entraba en mi boca ese líquido maravilloso se apoderaba de mis mucosas, abrazaba mis papilas e hidrataba mi garganta como ningún otro líquido en ese momento. Ahí descubrí que es tan importante el emisor como el receptor, o en este caso, el producto como su consumidor; que ambas partes de alguna forma han de estar de acuerdo para darse y recibir.

Entonces, todos estos cambios que yo experimentaba eran a su vez experimentados por ese pequeño ser que había dentro de mí, pero para él no eran cambios, para él eran sus primeras impresiones desde la barriga. Los sonidos que escuchaba, los cariños que recibía a través de ese puente protector llamado útero, que lo mantenía seguro, ileso, y que a la vez lo comunicaba con el mundo exterior.

Hoy pienso en esa primera sensación de Simón, en la carlotina dentro de su boca henchida de felicidad y él, mojándola toda con su saliva acuosa, como respuesta al momento de degustar cualquier plato, y más aún para un niño, un dulce.

Hace tieeeempo había una comiquita de un perrito (no recuerdo el nombre) que cuando le daban galletas – su comida preferida – se abrazaba él mismo de tanto deleite, flotaba y luego lentamente caía en el piso. A Simón siempre le llamó la atención esa escena y la escenificaba sin poder elevarse cuando comía algo que le fascinaba… y es que así disfruta él la comida. Es una cuestión de genética. Por cierto, me voy a comer, ya se me abrió el apetito.



August 19, 2008

Oigo a una madre


Estoy en una sala de espera y mientras busco en el bolso mi cuaderno, mi atención se fija en la pareja madre-hija que está aquí diagonal a mí. La enfermera llama a la madre para hacerle unas preguntas: “Kathy?” Ella deja de hacer lo que estaba haciendo, se para, las responde y rápidamente vuelve a su silla. Kathy como si nada hubiera pasado, continúa leyéndole un cuento en voz alta a su hija, con unas inflexiones de voz y una naturalidad que podrían posicionarla inmediatamente como lectora oficial en un colegio o una biblioteca. Su hija - de unos 6 años - hace acrobacias en la silla, aunque en su mente sigue la historia que cuenta Kathy. Estamos todos cautivados en silencio. Sólo una embarazada avanzada duerme en una silla hacia un rincón de la sala y yo, escribo narrando lo que sucede.

Esa sola escena me reconforta. Pienso y escribo: "Qué rico es ser madre!" Y lo digo también por aquellos hombres que lo son, los que son más madres que padres porque las circunstancias lo hicieron así o porque su naturaleza los dictó. Lo llevamos en las entrañas, en el alma la gran mayoría de las mujeres y con ese entrenamiento nos graduamos como expertas amantes hacia nuestros hijos, mimando, cuidando, educando, bañando, dando de comer, jugando con ellos... Mientras más les damos, más los queremos. Ellos no lo notan, o sí lo notan pero no lo aquilatan. Sólo lo sabrán realmente cuando tengan sus hijos y se entrenen por el resto de sus vidas en el arduo, gratificante y comprometido rol de ser madres.

La risa de mi hijo


Oigo la risa de mi hijo. Me hace tan feliz escucharla. Él, cuando era un bebé, tenía una de esas risas que se escuchan en algunos muñecos-bebés. Una risa contagiosa, que se regocija en sí misma y da risa, y risa y risa. Hoy es un pre-adolescente, pero su risa sigue teniendo un encanto. Imagino que siempre va a ser así. Será de esas personas que con su risa contagian de alegría la vida de los demás. Ojalá no se le olvide reir, no sólo por él, sino también por todo el bien que sin saber deja a su paso.

Reir francamente es la manifestación de que la estamos pasando bien, de que somos felices en ese momento, de que no nos aguantamos por dentro; su risa es así, espontánea y sincera. Si tan sólo riera más. Cuando estoy en la casa y lo escucho reir en su cuarto sé que disfruta con su “hermano”, a quien le encanta hacerlo reir. Cuando ve programas cómicos en la tele, se oyen carcajadas que iluminan toda la casa y a mí, el alma. Yo lo escucho y río también, aunque no sepa el motivo de su risa, solo sé que está bien, y eso para mí basta.

August 13, 2008

Dormir con él


Anoche - como casi siempre - fui la primera en conciliar el sueño. El suave sonido del televisor relataba las olimpíadas, evento esperado con ansias por mi otra mitad, quien con ese fanatismo no puede negar su género. Algunas veces me duermo en su pecho mientras él me hace cariño, otras me acuesto de lado con mi cara hacia afuera y ese hombre que amo se pega a mí acoplándose a mi figura. Yo idolatro su temperatura, tibia hasta el infinito, por eso toda la noche apenas nos separamos un instante lo busco a tientas como una cachorra. Siempre tengo que tocar alguna parte de su cuerpo, y ese contacto me adormece, me lleva al más rico bienestar. Nuestros cuerpos se complementan el uno con el otro, se reconocen y encuentran en contacto pleno.

A veces he pensado que el acto más íntimo entre dos personas es dormir juntos, más que hacer el amor. El compartir con alguien el sueño es un acto de total entrega, de abandono a su entera voluntad. Pueden matarnos sin nosotros darnos cuenta. Pueden amarnos en la penumbra, entre la intensidad del silencio y nuestra respiración.

Si me despierto en medio de la noche sin sueño, recorro la imagen de ese ser a quien me le metí en la cama de por vida y calibro a qué nivel de sueño está. En ese momento que es sólo mío, me confieso en el silencio de mi mente, y aunque no puede escucharme es como si lo sintiera todo y soy suya. Lo huelo. Huele a limpio, siempre huele a limpio, todo él: su aliento, su cuerpo, sus pliegues, sus rincones, sus partes íntimas. No es a jabón, ni a pasta de dientes... aún sudado tiene un olor suave, un olor tibio. Sus sabores son lo que su olor promete, son ricos. Él sabe a lo que debe saber el elixir. Amo su pecho peludo, sus piernas de Hulk, sus brazos de Popeye cuando ha comido espinacas, su ombligo con lint, sus pies gorditos, todas sus formas… Y su voz, su voz me lleva al cielo.

Percibo a veces que tiene un mal sueño, lo noto en su angustia, la expresión de su cara, sus movimientos involuntarios que me gritan “cálmame”, entonces mi mano salvadora lo rescata sobándolo, otras veces lo abrazo. Este sencillo acto tiene el poder maravilloso de cambiar su sueño y otras veces, lo saca de él. Se despierta y me lo agradece con su mirada, buscando una nueva forma para quedarnos dormidos. Él por su parte, también se adueña de mis pesadillas, y cuando me oye sale de su sueño y me calma con el sonido que hacemos cuando un bebé llora y está por quedarse dormido. Ssshhh, ssshh, sshh, sh!

En el ejercicio de acercarme, acercarme, acercarme y ser recibida, acariciada y amada termino acorralándolo en su lado de la cama. Ahora invertimos los papeles y yo lo abrazo en spoony como él lo hizo conmigo al quedarnos dormidos. Al amanecer, cuando no soporto mucho seguir en la cama, vuelvo a verlo. Él duerme profundo, más que nunca. Yo lo beso, lo arropo, le acerco mis almohadas a su cuerpo para que no extrañe mi presencia en la cama y evito con la almohadita, que alguna luz moleste sus ojos.

Después de cada noche de pocas palabras pero siempre dulces, descubro que con cada amanecer nos queremos más, por todo ese amor que nos hemos brindado dormidos. Si, este ritual de amar y cuidar, nos alimenta el amor. No perdemos el tiempo ni de día ni de noche. Nos amamos así por todo el tiempo que no estuvimos juntos en nuestras vidas, para compensar todos esos años cuando no nos conocíamos.