May 11, 2009

Una oferta difícil de rechazar


Conocí a mi abuelo Pedro cuando sus ojos azules ya estaban velados. No podía ver sus pupilas ni la transparencia de su iris y aún así yo podía ver su alma; me encantaba hablar con él; era sólido y de mente lúcida, tan lúcida como la mía a los 12. Quién fue antes de eso? Nació el siglo antepasado, el 19 de abril de 1889. Qué hizo de niño? de joven? de adulto? Ya no recuerdo muchas de las conversaciones que tuve con él. Recuerdo su voz, su imagen infinitamente clara en mi memoria, sus abrazos fuertes… Cuando veo cosas de peltre inmediatamente pienso en él, con su taza de café. Me enseñó a comer pan dulce mojado en café con leche y esa enseñanza sigue vigente en mí. Después de eso, comerlo aparte del café me resulta como comer torta sin azúcar. Aunque se vea feo, no hay cosa más rica que un pan dulce empapado para meterlo en nuestra boca. Él a sus 90 era todavía fuerte. Quizás fue un hombre de campo y trabajaba la tierra… algún ejercicio debió hacer de joven para conservarse tan robusto de viejo. Lo veo escuchando sus radionovelas o escuchándome leerle acerca de los caballos para jugar el 5 y 6. Tenía una maña de viejo que me causaba gracia; pasaba sus manos sobre sus brazos (como quien alisa un mantel queriendo sacar cualquier burusa) para quitar el polvo que creía tenía encima, como si viviéramos en un tierrero y cualquier movimiento levantara una y otra vez el polvo de la tierra seca y pulverizada.

La ceguera había sido producida por cataratas, pérdida de la visión como consecuencia de la opacidad del cristalino; eran los tiempos en que apenas estaban comenzando a practicarse las operaciones para eliminar la enfermedad extrayendo el cristalino opacificado y reemplazándolo por un lente intraocular transparente de material plástico especial; así, la imagen lechoza pasa a ser una totalmente nítida y contrastada.

El Dr. Romero, nieto de un gran amigo suyo era oftalmólogo. Era un joven curioso por los avances de la ciencia, de espíritu vencedor y por lo tanto, lleno de energía mental y física. Se atrevió a solicitarle a mi abuelo si quería participar en la locura – para muchos – de someterse a una operación y de ser el primer paciente. Sabía que podía hacerlo y para ello había practicado una y otra vez primero en su mente y luego con toda clase de ojos (de animales y cadáveres humanos) para estar listo en el momento verdadero, cuando tuviera que hacerlo con un paciente.

Don Pedro prefirió pedirle un tiempo para pensarlo. Sabido era por todos que Don Pedro era muy mayor para esa clase de inventos, aún cuando gozaba de una salud inquebrantable, pero la oferta de volver a ver se llevaba por delante cualquier reserva, cualquier factor de riesgo. La posibilidad de ver otra vez lo ilusionó como niño esperando el regalo del Niño Jesús. Se quedó dormido tarde a las 12:00 de la media noche, cuando normalmente 3 horas antes ya se había entregado al sueño. Tuvo un sueño colorido en extremo, de total fantasía, en el que los sentidos se confundían y enriquecían las imágenes. Podía oler los colores y ver los olores. Se despertó puntual como un reloj de buena marca, a las 4:00 de la madrugada. Tenía 75 años parándose a la misma hora. Cómo decirle al cuerpo que cambie sus costumbres después de toda una vida?

En la realidad, habían pasado 18 años desde aquel día en que se había despertado y comprendido de una vez por todas que aunque se pusiera los lentes culo de botella, nada iba a mejorar esa oscuridad, ese túnel sin salida que lo hizo descubrir que aún a los 72 años podía afinar sus sentidos. Cuánto se aguzaron sus oídos! Podía escuchar cuando las paticas de Federico, el canario, se posaban después del vuelo en el palito de madera… Sus dedos con uñas acanaladas reconocían una y mil texturas, formas…

La oferta del Dr. Romero daba vueltas y vueltas en su cabeza y se sorprendió a sí mismo cuando se oyó decirle al teléfono: – "Estoy dispuesto, para cuándo es la operación?" En menos de una semana todo estaba listo. En la familia, unos de acuerdo y otros no, pero todos nerviosos por lo que podría pasar. Además, Don Pedro estaba en plenas facultades mentales como para saber lo qué hacer con su vida, así que respetaron su decisión y lo dejaron en manos de Dios. La operación fue breve y sin complicaciones; aunque podía ser ambulatoria, el médico prefirió internar al paciente por una noche debido a su edad avanzada. Como ocurre en estos casos, le vendaron los ojos.

A la mañana siguiente llegó el doctor a las 7:30 a.m. tan nervioso interiormente como el paciente, pero este hombre joven tenía todas las facultades para desempeñarse en su rol de médico; entre ellas, temple para disimular los nervios; si más bien lo que transmitía era una gran seguridad sin llegar a ser ofensiva; más bien una paz interna que proyectaba a su andar. Se dispuso a quitarle la venda con pericia y suavidad y descubrió unos ojos azules ahora cristalinos. Don Pedro no lo podía creer. Lágrimas y lágrimas salían de sus ojos por tanta felicidad. La familia entera llorando, todos se abrazaban como celebrando la llegada de un nuevo bebé.

Fueron días de casi no dormir, de ver las caras de los hijos, nietos y bisnietos y reconocerlos en sus voces; de disfrutar el amanecer, el atardecer, las luces y las sombras, de ver el verde verde de los árboles, el azul infinito del cielo, las flores… De ver la comida apetitosa antes de llevarla a su boca, las carreras de caballos… y maravillarse con la televisión a color. Fueron sólo 18 días de absoluta felicidad, como si cada día contara por cada año no visto. Nadie sabe cómo el día 19 amaneció Don Pedro sin vida con los ojos abiertos, queriendo registrar los últimos momentos del amanecer en silencio, en absoluta comunión con su entorno, y agradecido con Dios por haberle regalado - antes de irse - esos bellísimos 18 días de su vida. Dieciocho días de colores y luz que lo llevaron a la paz eterna.

4 comments:

Paola said...

Ay Ma. Beatriz.... gracias por compartir esto tan bonito con quienes te leemos...
Quizas en un rato cuando se me pase la llorantina vuelvo y termino de comentar.
Un Beso grande.

La Negra said...

Comadre! Qué te pasó? Esperaré a cuando puedas comentar. Besos.

MentesSueltas said...

Negra, te dejo un beso...

MentesSueltas

mundos said...

Que belleza!!!