April 12, 2008

Mi Arbol y Yo


Soñé que estaba a punto de dormirme y desde el sofá-cama veía la noche a través de una pared cristalina. Sentía el frío rico de Sanare, oía el reconfortante sonido del río y toda la vegetación que había ante mí me hablaba, invitándome a adentrarme en ella.

Todo era calma, era el saber que nos habíamos encontrado... Pasó un buen rato mientras yo parecía aprenderme los caminos de aquel paisaje. En ese lapso la pared fue consumiéndose hasta desaparecer. Sí, ya no existía, sólo me protegía del frío porque mi nuevo cuarto seguía siendo un tanto cálido. Me tentaba la no pared, me provocaba acercarme a los árboles, a mis árboles (sucede que me adueño íntimamente de todo lo que me encanta). Ellos eran míos sin saberlo o quizás yo creía eso y la verdad era que yo era de ellos... Me paré hasta el borde del piso y olía a selva adentro, el frío estaba allí pero ya no lo sentía; como cuando voy a un río y puede más el encanto del agua que su temperatura helada. Así fue.

Sentía mi cuerpo liviano y me dejé caer hacia afuera pero no caí, me elevé... y flotaba sobre los árboles, mientras mi cuerpo registraba mil sensaciones. Yo era de esa selva virgen y me sentía plena. Visité la montaña con mi vuelo, volaba alto y bajito, siempre lento, hasta que me posé en un árbol enorme, por supuesto. Él me esperaba desde siempre. Me senté en una rama fuerte como todo él y descansé, me sentí tan relajada que decidí acostarme en ella contando con mi buen equilibrio y entonces me dormí.

Yo sentía cómo iba transformándome y me dejaba llevar; era yo como un camaleón - ese animal que se mimetiza y adopta la apariencia de su entorno - pero no era sólo por fuera. Mi árbol empezó a absorberme y yo también quería. Me quedé absolutamente inmóvil, rendida? tranquilita, mientras nos hacíamos el amor y nos volvimos uno. Yo tomé su propiedad y él tomó mi alma. Ambos crecimos en ese momento. Yo me disgregué por todos sus rincones para formar parte de sus ramas, hojas, tronco y raíces. Él, aumentó en tamaño y vida. Ahora era yo el árbol y los pajaritos celebraban mi nueva forma. Iban a recibirme posándose y anidando en mí. Todo era una fiesta, una fiesta de gozo, de alegría en calma, de plenitud extrema. Las ardillas, las hormigas... todos vivían en mí y yo era feliz porque esa era mi misión. Mi cuerpo albergaba tantas vidas... Nos entendíamos sin palabras. Entonces comprendí una vez más que el lenguaje no es siempre hablado. Como dos personas extrañas que se ven en la calle y espontáneamente y al unísono se regalan una sonrisa. Entendí tantas cosas... Que yo no era la primera ni la última, que mucha gente al igual que yo era parte del árbol y que seguiría ocurriendo por los siglos de los siglos.

Amaneció y con la luz y el leve calorcito de la mañana me desperté en el cuarto que formó parte de mi sueño. Algo de mi alma se quedó en el árbol. No me siento mal porque cuando reparto mi alma por los caminos, algo dentro de mí es más feliz. No me voy acabando, me multiplico.

Ahora escribo y a través de la pared cristalina, la naturaleza entera es testigo. 


(Escrito el 23 de junio del 2007 a las 7.32 a.m.)

4 comments:

La Traductora said...

Que lindo escribes--francamente me transporto a un otro lugar. Sin embargo tengo que decirte que la letras se me hicieron un poco dificiles para leer puesto que estan pequenas. Aparte de eso, volvere. Gracias

La Negra said...

Me sorprendió ver tu comentario, ya que todavía estamos en el proceso de creación del blog. Te cuento que fue bien grato recibir tu feedback y si vuelves a pasar por aquí, notarás que hemos hecho caso de tu observación. Te esperamos.

El Vecino said...

Bien , ahora de nuevo y casi de "memoria" ( lo que habia escrito estaba mejor...que chimbo

- Este relato tuyo no me deja de traer a la mente a la mitológica Maria Lionza, nuestro erotizado personaje que se mimetizaba con la montaña, sus árboles y sus animales para salir al paso de quienes desde la colonia se atrevían a entrar en sus dominios; pobres si eran hombres, pues eran "encantados" por la reina que montaba "a pelo" su danta.
Sin embargo , aqui para mi lo esencial y bonito , cito:

"...Ellos eran míos
sin saberlo o quizás yo creía eso y la verdad era que
yo era de ellos..."

A parte de la honesta i muy legitima fantasía colectiva (que todos tenemos) , yo aprecio también la curiosa situacion de creer que dominas para culminar siendo dominado, cosa que también siempre sucede en la sutil frontera entre lo que es sexo y es amor
....es, como el mar, que de tanto deseo; embiste , ruge y espumosamente explota sobre su amada orilla, para luego dejarla rendido como una lengua en prolongada caricia
mientras ella crepita en la
estática electricidad
del placer que él le ha dejado..
Quien ha tenido a quien ?;
ambos se han tenido y entregado a la vez.

Muy bueno.
R.F

La Negra said...

Gracias por volver a intentarlo.
Este comentario es tan pleno y tan tuyo que merecía ser publicado. Disfruto enormemente ese símil que haces entre el mar y la orilla, hermosísimo. A mí la naturaleza me transporta, y por eso la vivo. Comparto lo que dices en cuanto a que ambas parten se conquistan y se dejan conquistar, se dan de sí.

Gracias vecino, por tu respuesta, por participar y compartir. Un abrazote.